Rosácea: ¡No te pongas colorada!

La rosácea es una patología acneiforme inflamatoria crónica que afecta aproximadamente a un 10% de la población española. (1) Es una enfermedad progresiva que afecta la piel de la cara. Sus causas son desconocidas, si bien una de las posibles explicaciones es la alteración de los vasos sanguíneos de la cara. Es un trastorno más frecuente en el sexo femenino, particularmente en las mujeres de piel clara, pero los hombres suelen presentar las formas más graves. En cuanto a la edad, puede aparecer a partir de los 20 años pero su pico se sitúa entre los 40 y los 50 años.

Las cuatro etapas de la rosácea:

  • Enrojecimiento transitorio intenso: estas erupciones aparecen en la nariz y los pómulos y se acompañan de una sensación de calor, ardor o escozor. Las erupciones duran al menos cinco minutos pero terminarán siendo permanentes.
  • Enrojecimiento permanente y dilatación de los vasos sanguíneos visibles: se habla de eritrosis. Estos pequeños vasos sanguíneos dilatados pueden aparecen gradualmente en las mejillas, la nariz y los pómulos. Se habla de cuperosis.
  • Acné inflamatorio. Las zonas rojas se cubren de granos rojos, a veces con la cabeza blanca. Se habla de rosácea. Esta etapa, llamada papulo-pustulosa, puede aparecer de entrada.
  • Edema persistente: la piel se engrosa y se hincha en ciertas áreas de la cara (nariz, barbilla, frente), lo que resulta en una deformidad significativa y persistente. Más rara, pero más grave, esta etapa es más frecuente en hombres de 50 años o mayores.

Una persona con rosácea puede tener sólo un enrojecimiento transitorio y nunca sufrir las otras etapas de la enfermedad, pero la piel puede presentar enrojecimientos permanentes, vasos dilatados y acné.  
El paso de una etapa a otra depende de la persona y es impredecible. Deben evitarse en lo posible la situaciones que agravan los síntomas: el cambio brusco y repentino de temperatura, la ingesta de alimentos picantes, la exposición al sol, el consumo de alcohol, incluso en cantidades pequeñas, el esfuerzo físico intenso... Finalmente, el estrés desempeña un papel importante en la evolución de los síntomas de la rosácea.

 

 

 Enrojecimiento transitorio intenso: estas erupciones aparecen en la nariz y los pómulos y se acompañan de una sensación de calor, ardor o escozor. Las erupciones duran al menos cinco minutos pero terminarán siendo permanentes.

 Enrojecimiento permanente y dilatación de los vasos sanguíneos visibles: se habla de eritrosis. Estos pequeños vasos sanguíneos dilatados pueden aparecen gradualmente en las mejillas, la nariz y los pómulos. Se habla de cuperosis.

 Acné inflamatorio. Las zonas rojas se cubren de granos rojos, a veces con la cabeza blanca. Se habla de rosácea. Esta etapa, llamada papulo-pustulosa, puede aparecer de entrada.

Edema persistente: la piel se engrosa y se hincha en ciertas áreas de la cara (nariz, barbilla, frente), lo que resulta en una deformidad significativa y persistente. Más rara, pero más grave, esta etapa es más frecuente en hombres de 50 años o mayores.

 Una persona con rosácea puede tener sólo un enrojecimiento transitorio y nunca sufrir las otras etapas de la enfermedad, pero la piel puede presentar enrojecimientos permanentes, vasos dilatados y acné. El paso de una etapa a otra depende de la persona y es impredecible. Deben evitarse en lo posible la situaciones que agravan los síntomas: el cambio brusco y repentino de temperatura, la ingesta de alimentos picantes, la exposición al sol, el consumo de alcohol, incluso en cantidades pequeñas, el esfuerzo físico intenso ... Finalmente, el estrés desempeña un papel importante en la evolución de los síntomas de la rosácea.

Una enfermedad con fuerte carga emocional

Los pacientes que sufren de rosácea, sobre todo en estados avanzados, pueden sentirse avergonzados de su apariencia. La mayoría no se siente preparada para enfrentarla con una actitud positiva. Sobre todo porque el desconocimiento de la enfermedad hace que muchas personas tachen de tímidos, estresados o peor, de alcohólicos, a quienes la padecen. La no aceptación de la enfermedad por parte de quien la sufre puede minar su autoestima y resultar en aislamiento social.

La falta de de información sobre la rosácea se hizo evidente en una campaña contra la enfermedad llevada a cabo en Francia en 2008. De 10 personas que la padecían, ocho no sabían qué les ocurría. "Pensaba que era psicológico y que los enrojecimientos y los granos desaparecerían como vinieron si conseguía sentirme mejor conmigo mismo... Esperé mucho tiempo para consultar pero la situación era insufrible", comenta un paciente. "Muy pocos pacientes hablan con sus médicos, en su mayoría están desinformados y se resignan", señala el doctor Jacques Savary, dermatólogo de París.

Si por el momento no existe una cura para la rosácea, sí hay tratamientos que permiten espaciar los brotes de acné y atenuar los síntomas. Por ejemplo, tratamientos tópicos en forma de emulsiones, cremas o geles con efectos antiinflamatorios, medicamentos orales, electrocoagulación y láser vascular. No te avergüences de la rosácea. ¡Consulta con tu médico!

A. S. Glover-Bondeau

Fuentes:

1. Gil Díaz, M.J.; Boixeda de Miguel, J.P.; Truchuelo Díez, M.; Morais-Cardoso, P.  Publicado en Semergen. 2011; 37 :83-6 - vol.37 núm 02

Otros contenidos del dosier: Cuperosis y rosácea

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