Hombres, ¿víctimas de sus hormonas?

¿Por qué algunos hombres estresados se ponen irritables, gruñones o incluso emotivos hasta el punto de echar unas lagrimitas? La causa podría estar vinculada a un desmoronamiento en los índices de testosterona, la hormona masculina.

¿Tierno como un corderito?

Algunos animales presentan cambios de humor y de comportamiento relacionados con las fluctuaciones estacionales de la hormona masculina. Científicos de la Universidad de Edimburgo estudiaron en un comienzo la conducta de algunos corderos y descubrieron que el nivel de testosterona de estos animales explota en otoño, durante el celo, y baja en invierno, cuando pierden todo interés por el sexo.

Los resultados obtenidos vienen a apoyar lo que ya se pensaba. Aunque la testosterona se asocia generalmente a un comportamiento agresivo, los animales tenían más tendencia a herirse entre ellos fuera de la temporada de apareamiento. Al centrar su atención en la conducta de ocho corderos, el doctor Lincoln reveló que el número de conflictos era inversamente proporcional al índice de testosterona. Es en invierno cuando los animales se ponen más nerviosos, antisociales y atacan de manera irracional. Después, este “síndrome del hombre irritable” se ha observado en ciervos, muflones, renos y elefantes indios al final de la temporada de apareamiento.

El hombre, ¿esclavo de la testosterona?

Incluso si el hombre puede ser un poco “salvaje”, extrapolar estos comportamientos animales al varón, ¿no es un poco precipitado? El propio responsable del estudio admite que las pruebas no son contundentes; sin embargo, muchos estudios dan cuenta del efecto que la testosterona tiene sobre los problemas psicológicos masculinos.

Los hombres que tienen una producción insuficiente de testosterona se vuelven más irritables y deprimidos en cuanto dejan el tratamiento hormonal sustitutivo; de la misma manera, retomarlos mejora rápidamente su estado de ánimo.

En mayo de 2000, investigadores de la Universidad de Harvard compararon los índices de testosterona de hombres seropositivos que habían experimentado una pérdida de peso a causa del VIH/SIDA. Aunque el estudio se limitó a un cierto tipo de población, permitió constatar que los hombres con niveles bajos de testosterona corrían más riesgo de sufrir depresión que aquellos con niveles considerados normales. Finalmente, los hombres deprimidos que recibieron inyecciones regulares de testosterona experimentaron una mejora en el ánimo.

Pero son los problemas de humor –sobre todo la llamada distimia, un estado de desanimo crónico– más que las depresiones mayores los que parecen estar directamente relacionados con los índices de testosterona. Así, un estudio reciente ha podido constatar que los hombres distímicos tenían índices de testosterona inferiores a los que presentaban los varones con depresión grave y los que no estaban deprimidos.

Estrés y hormonas: hermanos enemigos

A diferencia del síndrome premenstrual, vinculado al ciclo ovárico de la mujer, las fluctuaciones hormonales de los hombres estarían ligadas a experiencias traumatizantes como un duelo, un divorcio o una enfermedad grave. Muchos estudios han puesto en evidencia la relación estrés-testosterona que existe en los animales, pero muy pocos lo han hecho en el hombre.

David Abbott, especialista en hormonas estadounidense entrevistado por la revista New Scientist, lamenta que el “efecto de la testosterona se haya ignorado”. “Cuando un hombre se pone gruñón e irritable los investigadores tratan de explicar el fenómeno por el cortisol (una hormona esteroide secretada por la corteza suprarrenal) y la depresión, pero desconocen que los niveles de testosterona caen igualmente”.

Pero esta opinión no es compartida por toda la comunidad científica. Según David Handelsman, de la Universidad de Sidney, las fluctuaciones de la testosterona en el hombre no se corresponden con las observadas en los corderos, a excepción de un caso: los índices de esta hormona se desmoronan en un 90 por ciento cuando un hombre sufre una castración como consecuencia de una cáncer de próstata avanzado.

¿Una nueva controversia?

El humor es un aspecto muy subjetivo del comportamiento humano. Y, dado que algunos aún dudan de la existencia del síndrome premenstrual, es posible afirmar que el “síndrome del hombre irritable” no pasará próximamente a formar parte de ninguna enciclopedia médica. Algunos psiquiatras sólo ven en esta terminología una nueva manera de llamar a la más común depresión masculina. Pero al igual que sucede con la andropausia, el “síndrome del hombre irritable” da cuenta del interés creciente que muchos investigadores sienten por el impacto de las fluctuaciones hormonales en el varón.

David Bême

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