Paro cardiaco: tres acciones que salvan vidas

Durante las jornadas europeas de la Sociedad de cardiología se habló de la importancia de saber reaccionar ante un paro cardiaco. Hay tres acciones simples que resultan indispensables: llamar a una ambulancia, masajear y desfibrilar el corazón de la víctima. Recordemos que cada minuto ganado aumenta en un 10% las posibilidades de supervivencia.

Cualquiera puede salvar vidas

El paro cardiaco produce casi 25.000 muertes al año en España, según la Sociedad española de cardiología. Muchos de estos fallecimientos podrían prevenirse gracias a un masaje cardiaco y a una descarga eléctrica o desfibrilación. Un 7% de los paros cardiacos tiene lugar en presencia de una o más personas, pero apenas un 20% de ellas actúa de manera adecuada. Sin embargo, la supervivencia podría mejorar si se actuara ante los primeros indicios de paro cardiaco.

¿Por qué ocurre un paro cardiaco?

El 90% de los paros cardiacos responden a causas cardiovasculares. A menudo, la fibrilación ventricular que provoca el paro cardiaco es una complicación de un infarto de miocardio. Cuando éste es el caso, los signos de una parada cardiaca son idénticos a los del infarto de miocardio: mucho dolor en el tórax, que se extiende hasta el brazo, sensación de opresión y sofoco. Pero el paro cardiaco puede sobrevenir brutalmente sin que haya signo precursor alguno.

Existen, no obstante, otras causas del paro cardiaco, como el ahogamiento, la electrocución, la intoxicación, la hipotermia o la sobredosis.

Reconocer el paro cardiaco y actuar con rapidez

La parada cardiaca se caracteriza por una pérdida de conciencia de la víctima, que se desploma y no reacciona a los estímulos. Su respiración es inexistente o muy irregular y el pecho no se mueve. El paro cardiaco resulta de una desorganización de la actividad eléctrica del corazón. Un problema rítmico (taquicardia, bradicardia) impide, de pronto, que el corazón bombee la sangre y la haga circular, lo que priva al organismo de las células de oxígeno que necesita.

De manera que es esencial actuar sin dilación, porque pasados los cinco minutos, si no se hace nada, el cerebro sin oxígeno sufre daños gravísimos, muchas veces irreversibles y capaces de provocar la muerte. De hecho, la persona puede fallecer en apenas unos minutos si no se actúa como se debe. Afortunadamente, intervenir de manera precoz puede servir para reanimar el corazón y evitar así las peores secuelas.

Tres acciones para salvar una vida

Hay tres acciones que, practicadas desde el primer instante, ofrecen a la persona cuyo corazón deja de latir la posibilidad de seguir viviendo. La persona testigo de un paro cardiaco debe llamar a una ambulancia, masajear el corazón de la víctima y utilizar un desfibrilador automático externo si hubiera uno cercano y disponible. Conocer la manera de proceder permite actuar con sangre fría y con mayor velocidad en caso de necesidad.

Llamar a la ambulancia

En primer lugar, hay que poner a la víctima en una zona segura.
Después, hay que avisar que alguien necesita ayuda médica de urgencia, lo que permite iniciar la cadena de auxilio.
Al avisar a la ambulancia, quien asiste debe dar información precisa acerca del lugar donde está la víctima. Debe, asimismo, describir con precisión qué ha visto, qué ha hecho o si le ha practicado al enfermo un masaje. De este modo, el interlocutor podrá guiar sus acciones hasta que llegue la ayuda médica.

Masajear el corazón

La víctima debe estar acostada sobre una superficie dura y plana. El masaje cardiaco y el boca a boca permiten sustituir la función del corazón, que deja de bombear sangre. El boca a boca permite introducir oxígeno en la sangre y el masaje cardiaco hacer que la sangre circule y lleve oxígeno al organismo y, sobre todo, al cerebro. Durante los primeros minutos, sin embargo, es posible concentrarse únicamente en el masaje, pues la sangre aún tiene reservas de oxígeno suficiente.
El masaje debe consistir en 100 presiones por minuto, en secuencias de 30. Para ello, hay que poner las rodillas una cada lado de la víctima y colocar las manos una sobre la otra y éstas sobre el esternón. A continuación, hay que apoyar todo el cuerpo sobre el tórax y, con los brazos estirados, hundir las manos unos tres o cuatro centímetros, subiéndolas tras cada compresión.
A saber:
Al cabo de los dos minutos, la persona que asiste puede interrumpir el masaje cardiaco y desfibrilar el corazón con el desfibrilador automático externo, si este estuviera cerca y disponible. Si no lo estuviera, hay que continuar masajeando hasta que llegue la ambulancia.

Desfibrilar con un desfibrilador automático externo

El desfibrilador permite, mediante un shock eléctrico, reanudar la actividad cardiaca.
Muy simple y seguro, guía al usuario de manera sonora etapa por etapa e indica cómo colocar los electrodos sobre el tórax de la víctima. Después, el aparato realiza por sí solo el diagnóstico y lanza un shock eléctrico únicamente si fuera necesario, de manera que no hay riesgo de equivocarse.

L. Blanchot

Otros contenidos del dosier: Enfermedades cardiovasculares

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