Diez preguntas y respuestas sobre la insuficiencia cardíaca

¿Qué es la insuficiencia cardíaca?

El corazón bombea una cantidad de sangre a una presión determinada en función de las necesidades de nuestro organismo, en especial cuando se realizan esfuerzos. La insuficiencia cardíaca es la dificultad que tienen el corazón y el sistema cardiovascular para adaptarse a esas necesidades de presión y volumen sanguíneos, la cual provoca una serie de síntomas y puede requerir incluso el ingreso en hospital. «Se considera que un paciente padece insuficiencia cardíaca cuando presenta un fallo cardíaco con síntomas de insuficiencia cardíaca o ya ha sido ingresado por un episodio de insuficiencia cardíaca», explica la doctora Beauvais. El síntoma más frecuente de estos episodios es la dificultad respiratoria, la cual indica la presencia de un edema pulmonar provocado por la insuficiencia cardíaca.

¿A quién afecta y qué la provoca?

La insuficiencia cardíaca es una enfermedad frecuente que afecta a entre el 2 y el 3 % de la población general en los países desarrollados y alrededor del 10 % de los mayores de 70 años en España. «Existen tres grandes grupos de pacientes con insuficiencia cardíaca. El más numeroso está constituido por personas mayores de 70 años, que presentan un fallo cardíaco favorecido por la hipertensión arterial y trastornos del ritmo cardíaco. El segundo grupo lo forman pacientes de unos 45-70 años de media que han sufrido un infarto de miocardio grave. Por último, encontramos pacientes de todas las edades, aunque con una presencia notable de jóvenes, que sufren una miocardiopatía, la cual puede ser hereditaria (de origen genético), estar relacionada con una miocarditis grave (daño en el músculo cardíaco causado por un virus) o bien estar provocada por agentes tóxicos como el alcohol», explica la doctora.

Las causas más frecuentes de insuficiencia cardíaca son otras patologías cardíacas como las coronariopatías (con o sin infarto), las valvulopatías, las miocardiopatías, las arritmias (alteraciones del ritmo cardíaco) y la hipertensión arterial. En menor medida, encontramos algunas cardiopatías congénitas o genéticas. Por último, también puede aparecer por causas extracardíacas, como diabetes, anemia, hipertiroidismo, enfermedades raras y algunas infecciones.

Según el lado del corazón al que afecte, se denomina insuficiencia cardíaca izquierda, cuando el fallo se sitúa en el ventrículo izquierdo, e insuficiencia cardíaca derecha, si la disfunción se encuentra en el ventrículo derecho. La insuficiencia cardíaca izquierda acaba provocando con el tiempo una insuficiencia cardíaca derecha. Cuando afecta a ambos ventrículos, hablamos de insuficiencia cardíaca global.

En función del movimiento del corazón afectado, la insuficiencia cardíaca puede ser sistólica, si el fallo está en la contracción del ventrículo, o diastólica, si afecta a la relajación. La insuficiencia cardíaca diastólica es consecuencia del engrosamiento, la pérdida de elasticidad y el envejecimiento de las paredes del músculo cardíaco (miocardio).

¿Qué signos deben hacernos sospechar una insuficiencia cardíaca?

Los síntomas característicos de la insuficiencia cardíaca son la disnea (sensación de falta de aire) en momentos de esfuerzo, la ortopnea (dificultad respiratoria estando tumbado), la tos (especialmente por la noche), los edemas, sobre todo en las extremidades inferiores (hinchazón en piernas y pies); un repentino aumento de peso y la sensación de fatiga intensa. Es posible no manifestarlos todos a la vez. «La dificultad respiratoria con el esfuerzo puede ser el único síntoma presente», señala la doctora Beauvais. Los síntomas varían según el tipo de insuficiencia cardíaca. En la insuficiencia cardíaca izquierda, los signos precursores son la fatiga y la dificultad respiratoria. En la insuficiencia cardíaca derecha, los síntomas son los edemas en las extremidades inferiores y el hígado. «Hay pacientes con insuficiencia cardíaca que son asintomáticos, mientras que otros presentan unos síntomas muy graves que requieren hospitalización», puntualiza la cardióloga.

¿Cómo se diagnostica?

Para diagnosticar una insuficiencia cardíaca, se realizan varias pruebas. En primer lugar, se hace una exploración física con la que se determina el tipo de insuficiencia cardíaca que padece el paciente (izquierda, derecha o global). Una ecocardiografía (ecografía del corazón) resulta imprescindible, puesto que, además de confirmar el diagnóstico, permite averiguar la causa de la insuficiencia cardíaca y su gravedad (moderada o severa). El electrocardiograma (registro de los impulsos eléctricos del corazón) posee una fiabilidad del 90 % en la detección de alteraciones como taquicardia y secuelas de infarto. También se realiza un análisis de sangre. Asimismo, es fundamental buscar factores que agraven la enfermedad, como el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y la hipertensión arterial.

¿Cómo se trata?

En primer lugar, ha de tratarse la causa de la insuficiencia cardíaca. Por ejemplo, si se debe a un fallo en una válvula, esta debe sustituirse. Si el miocardio está dañado, el objetivo es impedir que la situación empeore. El tratamiento con fármacos consiste en una combinación de varios tipos de medicamentos: diuréticos, que impiden la retención de líquidos; inhibidores del SRAA (IECA, ARA-II, inhibidores de la aldosterona), que regulan el sistema cardiovascular; y, por último, betabloqueantes, que disminuyen el ritmo cardíaco y reducen la cantidad de oxígeno que necesita el corazón. El tratamiento inicial depende de cada caso particular y debe ajustarse en función de la patología subyacente y de la evolución de la insuficiencia cardíaca.

En algunos casos, se implanta un resincronizador cardíaco. Los desfibriladores están indicados para reducir la mortalidad por fibrilación ventricular. «El desfibrilador implantable se prescribe aproximadamente al 30 % de los pacientes con insuficiencia cardíaca», señala la doctora.

¿Basta con tomar medicamentos?

«No, el tratamiento farmacológico no es suficiente. También es necesario seguir una dieta adecuada y un régimen adaptado de ejercicio físico», indica la doctora. El principal cambio en la dieta consiste en restringir el consumo de sal (entre 2 y 6 gramos al día en caso de insuficiencia cardíaca estable), ya que la sal favorece la retención de líquidos, provocando un aumento de la actividad de bombeo del corazón y agravando así la insuficiencia cardíaca. Hay que evitar los alimentos ricos en sal (embutidos, pan, queso, alimentos industriales como sopas de sobre, conservas, salsas precocinadas, jamón, etcétera). No debe añadirse sal a las comidas. También se recomienda limitar el consumo de alcohol y dejar de fumar.

¿Se están investigando nuevos tratamientos?

«Se espera que sea posible regenerar la parte daña del corazón mediante procesos naturales, aunque las dos vías en marcha, la terapia génica y la celular, no dan de momento los resultados esperados», explica la doctora. No obstante, ambas líneas de investigación prosiguen su avance. El desarrollo de sistemas de asistencia ventricular, por su parte, progresa día a día. Se trata de dispositivos que asisten la función cardíaca, evitando así la implantación de un corazón artificial.

¿Qué complicaciones pueden aparecer?

«La complicación más frecuente es la descompensación cardíaca o insuficiencia cardíaca aguda, que requiere hospitalización», señala la doctora Beauvais. Un edema pulmonar es la forma más habitual. Los síntomas que deben alertarnos de una descompensación son una respiración especialmente fatigosa y un edema en las extremidades inferiores. La retención de sal y líquidos puede causar un aumento de peso rápido y inexplicable, por lo que este también puede ser un síntoma de agravamiento de la insuficiencia cardíaca y debe llevarnos a consultar al médico. «Otra complicación es la muerte súbita por fibrilación ventricular», indica la cardióloga.

¿Puede prevenirse?

«La insuficiencia cardíaca puede prevenirse evitando la hipertensión arterial y la diabetes y haciendo ejercicio físico regularmente. También es imprescindible dejar de fumar para prevenir un posible infarto», explica la doctora. Por último, hay que evitar el exceso de alcohol, pues esta sustancia es tóxica para las células del miocardio.

¿Puedo llevar una vida normal si padezco insuficiencia cardíaca?

«Dejando de lado los episodios de descompensación, se puede llevar una vida social y privada normal, siempre que se siga el tratamiento farmacológico, la dieta y el régimen de ejercicio físico», explica la doctora. «El aspecto educativo es muy importante para adaptarse y cumplir con las indicaciones del médico lo mejor posible», subraya la cardióloga. La educación terapéutica forma parte de los programas de rehabilitación cardíaca. «Así aprendemos qué productos contienen menos sal, qué tipo de ejercicio físico podemos realizar, qué hacer si salimos de viaje, etcétera», señala la doctora.

A. S. Glover-Bondeau

Fuentes:

Más información:

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