Lo esencial del soplo cardíaco

El soplo cardíaco lo diagnostica el médico de cabecera o el cardiólogo mediante una auscultación por estetoscopio. Pero no siempre es sinónimo de una patología particular: a veces un corazón normal puede emitir ruidos sin la necesidad de tener una malformación. Para asegurarnos de que ese sonido no provoque trastornos psicológicos, es conveniente realizar pruebas médicas complementarias.  

Soplo cardíaco: la auscultación del médico

Los soplos cardíacos se caracterizan por el “timbre”, la tonalidad que producen al escucharlos: el sonido es más o menos característico de un trastorno asociado a la patología. Cuando la sangre circula hacia el corazón, pasa por distintas cavidades: aurículas y ventrículos. Para que la sangre solo circule en sentido único y no se produzca un reflujo, las dos cavidades están separadas por un pliegue membranoso: las válvulas. Cuando el médico escucha el corazón, con la ayuda del estetoscopio, percibe el flujo rítmico por la abertura y el cierre de dichos elementos. El profesor Le Feuvre, del servicio de cardiología médica del hospital Pitié-Salpétrière, en París, precisa: “Al igual que el agua, la sangre es un líquido. Pongamos como ejemplo un río. El agua circula con normalidad y no se escucha ningún ruido en especial. En cambio, cuando hay peñascos, se forman pequeños torbellinos. Ese es un ruido característico”. A lo largo del flujo, una malformación de las válvulas provoca turbulencias que son perceptibles al oído. De este modo el médico puede saber, teniendo en cuenta la posición del ruido, qué válvula se ve afectada y qué trastorno está asociado. 

Existen varios tipos de soplos cardíacos

En general, los soplos cardíacos se clasifican en dos categorías:

  • El primer tipo se denomina sistólico: se diagnostica cuando el corazón se contrae para expulsar la sangre hacia los órganos. Así pues, se trata de una turbulencia asociada a la expulsión de sangre. Si es funcional, solo provoca los movimientos normales relacionados con el flujo: no hay una patología asociada. En cambio, si es “orgánico” a menudo revela un ataque de la válvula mitral, uniendo así el ventrículo izquierdo a la aurícula izquierda.
  • El segundo tipo es el soplo diastólico. Casi siempre corresponde a una constricción de la vena aorta: las válvulas aórticas no se cierran bien, lo que comporta un reflujo de sangre hacia el ventrículo izquierdo. Antes de establecer el diagnóstico, el cardiólogo realizará pruebas médicas complementarias para asegurarse de la gravedad de la patología.

La ecografía cardíaca es la prueba médica principal que suele aconsejarse. “Permite cuantificar la importancia del ataque valvular, además de las consecuencias en el músculo cardíaco”, explica el profesor Le Feuvre. En efecto, si la anomalía induce un descenso en la fuerza de la contracción, es posible que se recomiende una operación. Esto puede variar en función de la edad del paciente: se practica con más frecuencia en pacientes jóvenes que de avanzada edad. En ese caso, el cardiólogo tiene la posibilidad de realizar una escáner coronario, que permite medir con precisión la presión arterial del corazón, pero también cuantificar las filtraciones provocadas por el mal funcionamiento de las válvulas. 

Soplo cardíaco: cuidado con las infecciones

Los pacientes con tendencia a sufrir problemas vasculares necesitan una atención especial del médico, sobre todo en lo que respecta a la prevención de infecciones. “Las válvulas cardíacas dañadas son un terreno favorable para el desarrollo de bacterias en las personas más débiles. Pueden provocar endocarditis”, subraya el profesor Le Feuvre. Este es el caso de los pacientes inmunodeprimidos, es decir, que se han sometido a un tratamiento de quimioterapia, radioterapia o un trasplante, pero también de las personas seropositivas: para cualquier acto invasivo, la toma de un antibiótico será indispensable. 

Tratamiento del soplo cardíaco

En los niños, el soplo cardíaco más habitual es el funcional, de forma que no desarrollará ningún tipo de malformación: desaparecerá de forma progresiva a lo largo del crecimiento. En caso de duda, el cardióloga podrá practicar una ecografía cardíaca doppler que permitirá establecer un diagnóstico. Si es negativo, no habrá ningún problema: el soplo es “inocente” y no se necesitan remedios especiales.

En el caso de los pacientes de avanzada edad, la detección de un soplo puede revelar un principio de insuficiencia cardíaca: el corazón ya no juega su papel correctamente, pues no bombea la cantidad de sangre necesaria a un ritmo constante al resto de los órganos. Así pues, deberán determinarse con precisión las causas de este mal funcionamiento y tratar las consecuencias. Si la insuficiencia es grave, es posible que el médico opte por una operación. Si el paciente es demasiado débil para superar la operación, se establecerá un tratamiento médico junto a una vigilancia de la evolución: betabloqueantes, inhibidores de la encima de la conversión y dietéticos forman parte del arsenal terapéutico básico para luchar contra estos efectos nocivos.

Así pues, el soplo cardíaco no es necesariamente un síntoma de una patología grave: con tan solo ciertas pruebas complementarias se podrá determinar con precisión su gravedad.

S. Cuvier

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