La relación entre el herpes labial y el sol

Muchos de nosotros disfrutamos de la exposición al sol de forma relajada y gustosa, pero para muchas otras personas esa “caricia” de los rayos solares supone que en sus labios vuelva a aparecer el antiestético y molesto herpes. Es el herpes simplex 1.

El trastorno está causado por un virus, un microorganismo que casi todos llevamos en nuestro interior porque es el mismo que nos ocasiona –normalmente en la infancia– la varicela. Y, desde entonces, ahí se queda.
Pero es un “bichito” discreto, que permanece adormecido en los ganglios nerviosos de la médula espinal, en el hígado o en las vías nerviosas de la cara. Hasta que se empeña una y otra vez en ganar protagonismo y en provocar determinados síntomas. Aprovecha para hacerlo cuando esa persona está pasando por un momento de nervios, cuando se expone al sol o tras haber sufrido algún otro trastorno infeccioso leve que ha disminuido sus defensas.

La herida, primero una inflamación y luego una ampolla, acaba dando lugar a una costra “engañosa” porque parece que eso indica su curación y sin embargo puede tardar varios días más en desaparecer. Puede salir en la zona de la cadera, del vientre o de la espalda baja pero por lo general su sitio preferido son los labios y, de forma más rara, también en los ojos. En esas zonas húmedas, tardan más tiempo en curar.
Días antes, y aunque a veces no se percibe o no se relaciona con ese hecho, la persona siente un gran cansancio, dolor muscular inespecífico (parecido al de una gripe pero menos intenso) y décimas de fiebre. No es sino la señal de que el organismo está luchando internamente contra el virus e impidiendo que dé la cara.

Ten en cuenta que la luz ultravioleta de los rayos solares actúa como desencadenante del herpes adormecido. Aunque no en todas las personas tiene el mismo efecto; a algunas el sol les sensibiliza más que a otras. La explicación de por qué se activa con el sol no está clara pero parece que ese calor directo supone una agresión en las zonas sensibilizadas (y en los ganglios nerviosos que las recorren) y el virus aprovecha para aparecer. Las estadísticas demuestran que en los meses de julio y agosto, las personas afectadas por herpes labial aumentan un 20%.

Del mismo modo que la radiación ultravioleta, una lesión física (un golpe directo en el labio) o un fluctuación hormonal pueden desencadenarlo.

Cómo protegerte

Evitar un brote puede resultar difícil en ocasiones porque –como hemos dicho– el virus aprovecha las bajadas de defensa que se producen en nuestro organismo o cualquier cosa que suponga una agresión física (sol, golpes, etc). Pero sí podemos evitar en parte que ese microorganismo aumente su actividad y dé señales de que existe.

  • Aunque hay fármacos que controlan el virus, cada vez son más los que consideran que es el propio organismo el que debe desafiarlo y, dándole las herramientas adecuadas (descanso, buena alimentación, canalización de las emociones, terapias anti-estrés…), vencerlo.
  • Otra medida importante es aplicar, unos diez minutos antes de salir a la calle en época veraniega y aún con mayor intención si acudes a playas o piscinas, un stick protector en tus labios. Que sea de protección alta. En el resto de la cara (y lógicamente en todo el cuerpo) usa igualmente un fotoprotector de amplio espectro para que la radiación UVB y UVA no “despierte” el virus.
  • Si eres propensa a que aparezca la lesión en verano, acostúmbrate a usar gorras o pamelas cuando tengas que exponerte al sol directo.
  • Y para eludir las consecuencias más serias, lleva una vida sana (haciendo ejercicio y huyendo de tóxicos como el tabaco) y una alimentación suficiente y adecuada a tus necesidades reales: tomar bollería cada día no es necesario; pero consumir frutas y verduras a diario sí porque son los alimentos que más nutrientes te aportan y más fortalecen tu sistema inmunológico.

Qué hacer para tratarlo y aliviarlo

Además de recurrir a los fármacos anti-virales (o en su lugar si fuera el caso), puedes poner en práctica algunas medidas tanto para aliviarlo como para que no empeore:

  • Lava al menos dos veces al día la herida con agua y jabón antiséptico. De esa forma evitas que el virus lo tenga fácil para propagarse e infectar otras mucosas.
  • Aplica hielo. Envuelve un cubito de hielo en una toalla pequeña o un pañuelo y aplícalo con suavidad sobre la pústula. Si lo haces inmediatamente después de la exposición solar, reduces el riesgo de que aparezca la herida porque disminuye “la calentura” de la zona.
  • Evita tomar bebidas o comidas muy calientes que puedan irritar más.

Para evitar sobreinfecciones, procura no tocar la herida y, si lo haces, tus manos deben estar muy limpias evitando en todo momento no tocar otras mucosas, como por ejemplo los ojos o las encías.

Documentación:

  • “Sunlight is an important factor of recurrent herpes simplex”. Ichihashi M et al.
  • “Risk of Stroke following Herpes Zoster: a self-controlled case-series study”. Sinéad M. Langana et al. Clinical Infectious Diseases Journal.
  • “Herpes zoster as a risk factor for stroke and TIA”. Judith Breuer. Neurology
  • “Microbiología y Parasitología Humana”. Raúl Romero Cabello, Editorial Médica Panamericana

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