Causas y síntomas del lupus

Desconocemos su origen

Su origen se desconoce pues aún no se ha localizado el gen que, una  vez presente, dé lugar a la enfermedad, si bien las lesiones en los distintos órganos son debidas a la reacción de nuestros propios anticuerpos contra estructuras de nuestro organismo (es la base que explica todas las enfermedades denominadas autoinmunes, entre las que el lupus queda incluido). De todas formas, sí que parece que hay factores genéticos (el lupus se ha desarrollado de igual forma en gemelos univitelinos), hormonales (es más frecuente en mujeres, y no suele aparecer ni antes de la primera regla o menarquia, ni después de la menopausia), y ambientales (los factores socioeconómicos parecen pesar bastante) en el desarrollo de esta entidad.

Afecta más a mujeres

Se estima que el lupus afecta sobre 5’5 personas de cada 100.000. Se ha podido comprobar, por estudios realizados en Estados Unidos (país multicultural desde hace muchos años) que el lupus es más agresivo en afroamericanos, hispanos y asiáticos.

Su edad de inicio se sitúa entre los 17 y los 35 años, en la mayoría de los casos. Y se ven más comprometidas las mujeres (el lupus afecta hasta diez veces más a ellas que a ellos).

Situaciones que pueden empeorar un lupus

En relación con el factor hormonal, que antes indicábamos, el lupus puede agravarse en el puerperio (etapa posterior al parto) y tras la toma de anticonceptivos orales.

En el grupo de los factores ambientales cabe indicar la importancia de la luz ultravioleta. Se ha visto ésta relacionada con el agravamiento, tanto de las lesiones de la piel propias del lupus, como de otras lesiones a nivel de órganos internos. A este fenómeno, denominado fotosensibilidad, se debe que los médicos indiquemos a toda persona que padece un lupus la necesidad de protegerse con un factor solar alto.

¿La causa puede ser un virus?

Quizás. Se desconoce aún. Pero lo cierto es que, entre los pacientes con lupus, es frecuente la presencia de anticuerpos para varios tipos de virus de la familia de los retrovirus (más frecuente que en el resto de la población). También se ha visto que son personas que padecen más infecciones por el virus de Epstein Barr (el causante de la mononucleosis infecciosa o enfermedad del beso). La verdad es que no se ha demostrado que unos (los virus) sean causa de la otra (la enfermedad).

¿Y determinados medicamentos?

Tampoco parecen ser la causa última del lupus; pero la verdad es que existen diversos medicamentos que dan lugar a un cuadro similar al lupus (que en medicina denominamos lupus medicamentoso). Estos medicamentos son la hidralacina y la procainamida, entre otros. Y parece ser que dan lugar a la formación de anticuerpos antinucleares, de forma similar a como lo hace el lupus “común”.

El mecanismo final es la producción de autoanticuerpos

Ya hemos visto que se cree, sin conocerlo seguro, que el mecanismo puede estar originado por un virus, por la luz ultravioleta, por ciertas hormonas… Nada de esto está corroborado científicamente. Sólo hay suposiciones basadas en los hechos citados anteriormente.

De lo que no hay duda es de la producción, por parte de los linfocitos B, que en esta enfermedad están inusualmente potenciados y activados, de una cantidad excesiva de anticuerpos. Y estos anticuerpos no están diseñados para atacar estructuras proteicas (antígenos) de agentes externos; sino que tienen la misión de destruir estructuras internas, propias del organismo.

La clínica típica depende de la estructura afectada

Así, hay anticuerpos contra proteínas de distintas células sanguíneas (lo que da lugar a lo que en medicina conocemos como hemólisis, y que no es otra cosa que la destrucción de glóbulos rojos, plaquetas o leucocitos). Pero también están “preparados” para atacar células de la piel (generando dermatitis) o del riñón, por ejemplo (en este caso, el resultado es una glomerulonefritis). También pueden interferir en la función de los distintos factores de la coagulación (a estos anticuerpos se los denomina antifosfolípido, y suelen ser los causantes de trastornos hemorrágicos).

La estructura esquelética también puede afectarse. Bien en forma de artritis, bien mediante la inflamación de tendones, músculos o cápsulas articulares. El mecanismo no difiere de los otros casos (anticuerpos contra antígenos (proteínas) de dichas estructuras).

Y el sistema nervioso también es un “órgano diana” de esta enfermedad. Aquí encontramos dos grandes grupos de alteraciones: Los puramente neurológicos (convulsiones, cefalea, trastornos del movimiento, e incluso meningitis); y los psiquiátricos (alteraciones cognitivas, trastornos del ánimo, ansiedad, e incluso psicosis).

Lo que no suele faltar cuando hay una crisis de lupus (renace su actividad) es la astenia (cansancio inexplicado), la anorexia (pérdida de apetito), la caída en el peso y la fatiga. En algún momento de la evolución del lupus también suele presentarse la fiebre.

Pero los criterios diagnósticos del lupus son los que son.

Para diagnosticar a una persona de lupus eritematoso sistémico ésta ha de presentar al menos cuatro de los siguientes criterios:

  • Presencia de un rash malar: Típica lesión en la piel que afecta ambas mejillas.
  • Presencia de un rash discoide: Erupción en la piel de forma circular, que puede afectar cara, extremidades, u otras regiones del organismo. Es típica de esta lesión. Conviene diferenciarla de la tinea corporis, de la que se parece a simple vista.
  • Fenómeno de fotosensibilidad: Ya comentado anteriormente, en este artículo. En resumen, consiste en la aparición de una lesión en la piel ante la exposición de la misma a la luz ultravioleta (rayos de sol, por ejemplo).
  • Presencia de úlceras en la boca, nariz o faringe.
  • Inflamación de alguna/s articulaciones (artritis).
  • Inflamación de alguna de las serosas (telillas) que rodean ciertos órganos: Pleuritis (si se inflama la pleura) o pericarditis (si es la cubierta que rodea al corazón la afectada).
  • Enfermedad renal que ha de cumplir uno de estos dos criterios: Que se elimine más de 0’5 gramos de proteínas en 24 horas a través de la orina, o bien, que al estudiar el contenido de la misma (orina) veamos la presencia de unos cilindros característicos.
  • Enfermedad neurológica. Bien en forma de convulsiones que no puedan ser atribuidas a ninguna otra causa, bien como psicosis sin motivo aparente.
  • Que se afecte alguna de las células sanguíneas: Bien los leucocitos (leucopenia), los linfocitos (linfopenia), los glóbulos rojos (anemia) o las plaquetas (trombopenia).
  • Que exista un trastorno inmunológico con la presencia de determinados anticuerpos en la sangre, o bien determinadas pruebas serológicas positivas.
  • La presencia, sí o sí, de anticuerpos antinucleares en sangre (verdadera prueba de fuego de la enfermedad). 

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