Micosis vulvovaginales y problemas sexuales

Quemazón, picor, pérdidas… Estos síntomas les son familiares a infinidad de mujeres. Si la mayoría de ellas no ha tenido más que episodios de micosis aislados, una minoría, en torno a un cinco por ciento, presenta recidivas cuyo impacto en los planos sexual y psicológico no es despreciable.

Tres de cada cuatro mujeres se ven afectadas por una micosis vaginal

Se estima que ésta es la proporción de pacientes que al menos una vez en su vida ha sufrido una micosis en la zona íntima. Esta infección responde, en el 80 por ciento de los casos, a un hongo: el llamado Candida albicans. “No se trata de una enfermedad de transmisión sexual, sino de una enfermedad del propio organismo”, explica la ginecóloga francesa Marianne Buhler. “El hongo responsable de la micosis existe en el organismo, en su flora. En caso de higiene excesiva o de un tratamiento antibiótico, la Candida albicans puede desarrollarse, aprovechándose del desequilibrio bacteriano que se ha creado en la flora vaginal”. Las mujeres diabéticas, cuyas defensas inmunitarias son más débiles, o aquellas que van mucho a la piscina y están en contacto con el cloro, son más vulnerables.

En el 77,5 por ciento de los casos, la micosis afecta a la vagina y a la vulva, de ahí que reciba el nombre de mucosa vulvo-vaginal. La infección se manifiesta mediante picores, irritaciones, inflamación de las mucosas y sensaciones de quemazón muy características. A veces, los síntomas pueden ser muy dolorosos y pueden requerir atención urgente. “No se trata de una urgencia en el plano médico, porque la micosis no deriva en complicaciones y no tiene carácter vital, pero las molestias pueden ser muy agudas, incluso insoportables”, afirma Buhler.

Un cinco por ciento de las mujeres tiene recidivas

Si las recidivas vaginales están lejos de sucederse a lo largo de la vida de una mujer, sí es cierto que pueden jalonar varios periodos de su existencia, en especial aquellos donde se dan variaciones hormonales importantes: la pubertad, el embarazo, la menopausia o los días previos a la regla. Para evitar las recidivas, los médicos aconsejan a las pacientes adoptar algunos hábitos: limpiarse la zona íntima una sola vez al día y hacerlo con jabones suaves, evitar la ropa demasiado ajustada y usar ropa interior de algodón, que debe lavarse a 70°C en caso de infección. También deben evitarse los lugares muy cálidos y húmedos, que favorecen el desarrollo de los hongos.

A pesar de poner en práctica estas medidas, algunas mujeres son víctimas de las recidivas, con unos cuatro o cinco episodios anuales. A veces, junto con los síntomas físicos, algunas mujeres padecen consecuencias psicológicas y sexuales, que deben tenerse en cuenta. Porque, como explica la sexóloga francesa Marie-Hélène Colson, “sufrir micosis recidivantes supone incomodidad permanente en la vulva, y esto tiene repercusiones importantes en el plano físico, mental y relacional”.

Vergüenza, angustia y culpa

“Sufrir micosis vaginales genera modificaciones en la forma de vivir”, señala la especialista. Principalmente, genera perturbaciones emocionales, dice. “La mujer comienza a tener una representación disfuncional de sí misma, acompañada de un sentimiento de anormalidad, de haber dejado de ser mujer, de perder el control de su vida, de haber sido castigada (por haber tenido relaciones sexuales sin protección, por ejemplo)”.

La paciente puede padecer, también, alteraciones del ánimo y replegarse en sí misma. En algunos casos, “la depresión puede incluso desembocar en pensamientos suicidas”, advierte Colson.

Pero, sobre todo, es la vida sexual la que se ve afectada por las micosis recurrentes. “El dolor crónico perturba la lubricación, la excitación y, por supuesto, el orgasmo”, analiza la médica. “Y todo esto –agrega–, origina un verdadero círculo vicioso: el miedo al dolor disminuye el deseo, la ansiedad dificulta la excitación y esto, a su vez, el orgasmo”.

A veces, la aflicción de muchas mujeres no deriva tanto del dolor como de la incapacidad de la pareja de adaptarse a la nueva situación. Al  mostrarse hostil, el hombre agrava aún más el bloqueo sexual de su compañera; pero si se muestra demasiado comprensivo, entonces refuerza el sentimiento de culpa de ella, que se vuelve más pasiva.

“Por ello, el problema debe atacarse de manera precoz, para aliviar el dolor de la mujer pero también para reestablecer la dinámica de la pareja”. La paciente debe recibir un tratamiento sintomático, pero también uno psicológico y de pareja.

A. Pelletier

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