Caspa, picores… ¿puede ser psoriasis?

La psoriasis afecta a un 2% de la población de España, es decir, más de 600.000 personas padecen esta enfermedad. Cara, pecho, articulaciones… las lesiones no dejan indemne ninguna zona corporal.

¿Cómo reconocerla?

Como en el resto del cuerpo, la afección del cuero cabelludo se caracteriza por placas rojizas coronadas por espesas escamas blanquecinas. Estas lesiones desencadenan picores, descamaciones y a veces incluso heridas con sangre.

Contrariamente a la descamación natural, la de las placas de psoriasis se acompaña de la formación de grandes caspas o “copos”.

En general, las placas son gruesas y pueden formar un verdadero caparazón sobre el cuero cabelludo, pudiéndose extender en algunas ocasiones hacia la frente, detrás de las orejas y la nuca.

La psoriasis del cuero cabelludo puede confundirse con una dermatitis seborreica, puesto que esta afección puede desencadenar los mismos signos. Por tanto, es importante que el diagnóstico lo establezca vuestro médico, por ejemplo tras constatar la presencia de una placa de psoriasis en la piel.

Las consecuencias en la vida diaria

Como en el caso de la psoriasis cutánea, la afección del cuero cabelludo resulta molesta. No sólo las grandes películas se acaban depositando en nuestra ropa, sino que los picores son constantes. No os rasquéis bajo ningún concepto, pues las placas podrían sangrar, infectarse u os podríais arrancar los cabellos...
Cuando la psoriasis afecta a la cara, resulta difícil de camuflar. Por consiguiente, la repercusión psicológica es importante y se sobreañade a las molestias físicas. Las placas se convierten en una fuente de estrés, que por sí misma constituye un factor que favorece la aparición de nuevas placas, y resulta difícil salir de este círculo vicioso.

Un tratamiento global

Vuestro médico, una vez establecido el diagnóstico, debe aplicarse para identificar los factores desencadenantes o agravantes de los accesos, así como sus consecuencias en vuestra vida: por ejemplo, un estrés profesional o familiar que subestimáis o reprimís puede ser el origen del aumento de vuestros picores. Su objetivo debe ser mejorar vuestra calidad de vida y ayudaros a convivir con esta enfermedad minimizando al máximo sus efectos.

La psoriasis es una enfermedad crónica, por lo que los desánimos serán considerables. Vuestro médico sabrá ofreceros explicaciones claras, consejos acertados y un tratamiento, local y/o general, adaptado a vuestro caso.

Los tratamientos locales

Los derivados de la vitamina D, prescritos en forma de loción, frenan la multiplicación de los queratinocitos (células responsables de la formación de las placas). Este tratamiento, ampliamente utilizado, resulta eficaz en un 30-40% de los casos.
Puede combinarse con una loción a base de cortisona en un primer momento, para actuar más rápidamente en la inflamación. También existen ungüentos, cremas y champús a base de alquitrán de hulla. Por último, cabe mencionar que la fototerapia, clásicamente utilizada para reducir las placas cutáneas, resulta ineficaz en el caso del cuero cabelludo.

Los tratamientos generales

Estos tratamientos locales pueden combinarse, en casos de psoriasis extendida e invalidante, con un tratamiento sistémico generalizado. Los efectos secundarios son numerosos y el médico deberá daros indicaciones precisas, que deben seguirse estrictamente.
El tratamiento de referencia, por su acción antiinflamatoria, inmunoestimulante y su posible asociación con todos los tratamientos locales, es el metotrexato. Su eficacia no debe ocultar su toxicidad, por lo que conviene vigilar regularmente sus efectos en la sangre (NRS) y en el hígado (equilibrio hepático). También pueden utilizarse los retinoides o la ciclosporina.

Por último, si vuestra psoriasis es importante, que os mina hasta el punto de impediros ser vosotros mismos, no dudéis en pedir consejo al médico que os trata: una psicoterapia de corta duración puede ayudaros a retomar el rumbo, aceptaros y avanzar.

Dr. J.P. Rivière

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