El autismo

El autismo es poco frecuente, ya que sólo afecta de 2 a 4 niños de cada 10.000, aproximadamente. En general, afecta tres veces más a los niños que a las niñas, y parece más extendido entre las clases sociales altas. Esta enfermedad constituye un trastorno muy grave del comportamiento, ya que altera el conjunto de las funciones psicológicas fundamentales del niño.

Causas

Aún no se conocen, a pesar de los estudios realizados y de las teorías elaboradas sobre la enfermedad.
Existen tres hipótesis muy avanzadas: origen genético, anomalías bioquímicas que alteran el funcionamiento cerebral y antecedentes psiquiátricos en la familia.
En el pasado, era habitual considerar la falta de cariño como uno de los factores responsables de la enfermedad. Actualmente, esta idea ya ha sido abandonada: los padres aman a sus hijos, pero les genera angustia afrontar la presencia de un niño con una conducta tan perturbada.
El niño autista puede presentar trastornos neurológicos. En el momento de establecer el diagnóstico de la enfermedad, suele ser difícil distinguir entre autismo y deficiencia mental.

Síntomas

En el niño, el autismo suele manifestarse antes de los 3 años de edad y, generalmente, durante el primer año de vida. Las primeras manifestaciones consisten en el rechazo de las caricias por parte del lactante.
En general, el niño autista está muy tranquilo, es pasivo y solitario. Parece que no ve y no oye nada, no sonríe. Está muy distante, incluso con sus padres; evita las miradas y prefiere entretenerse solo. Es indiferente a las reglas sociales y a los sentimientos de los demás. Se interesa mucho más por los objetos que por las personas.
El niño se expresa mediante gritos y llanto tras cualquier cambio y reacciona con cólera cuando se siente desestabilizado por una situación nueva o es molestado en sus actividades.
El autista se desinteresa completamente por su imagen en el espejo. Su actividad es, muy a menudo, estereotipada: reproduce incansablemente los mismos gestos con diversos objetos o movimientos repetitivos. Por lo general, está obsesionado por un motivo concreto y se recrea excesivamente con rituales de juegos, objetos o colecciones raras. A veces adopta comportamientos extraños: camina de puntillas, se retuerce los dedos durante largo rato, se balancea durante mucho tiempo o se golpea. Su actividad también puede alternar con períodos de agitación.
El rasgo dominante de la enfermedad es la reducción extrema – que puede llegar incluso hasta la ausencia total– de comunicación.
El retraso del lenguaje es muy frecuente: el niño tiene muchas dificultades para comprender las palabras que se le dicen, inventa palabras que repite, y repite lo que oye. Cuando llega a adquirir el habla, ésta es
muy limitada. El desarrollo intelectual del niño está retrasado; ello ha-ce difícil, o imposible, cualquier aprendizaje.
A pesar de todos estos síntomas, el aspecto físico del niño y su coordinación muscular son totalmente normales.

Tratamiento

Sólo puede establecerse en un medio especializado, con un equipo médico multidisciplinario. El tratamiento se basa en la atención educativa y psicoterapéutica. Incluye el aprendizaje del lenguaje o su reeducación, y sesiones de psicomotricidad.
La terapia tiene como objetivo reemplazar un comportamiento inadaptado por otro adaptado.
El pronóstico depende del estado intelectual del niño y de la adquisición del lenguaje. No obstante, esta enfermedad responde poco a los tratamientos y no siempre permite que el paciente adquiera la independencia. Sólo un niño de cada seis consigue ser autónomo.

Institucionalización

Esta enfermedad crónica requiere que el niño acuda a centros especializados, en los cuales será atendido por un equipo multidisciplinario (socioeducativo y psicoterapéutico). Esta atención puede acompañarse, si es necesario, de una reeducación del lenguaje y de la motricidad.

Signos de alarma

La aparición del autismo es precoz: por lo general, se manifiesta durante los tres primeros años de vida.
Puede pasar inadvertido, dada la ausencia de signos en el lactante. Los padres deben preocuparse si su hijo es demasiado tranquilo o pasivo, y si está retraído en su pequeño mundo.
Estos signos también pueden poner en evidencia un defecto de la vista o del oído y deben ser valorados por el médico.

Otros contenidos del dosier: Trastornos mentales

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