Onicofagia y dermatilomanía: trastornos compulsivos centrados en las manos

Onicofagia

Entre los trastornos que afectan a la salud de las manos el más extendido es, sin lugar a dudas, la onicofagia. Técnicamente, el término onicofagia se refiere al hecho de comerse las uñas, aunque a menudo se utiliza con el significado de morderlas hasta arrancarla sin ingerirlas después.

Comerse y morderse las uñas es un fenómeno que nos afecta a todos al menos una vez en la vida. A pesar de ser de un hábito bastante común que por lo general no despierta una especial preocupación, para algunos, el riesgo de que se trasforme en un comportamiento autolesivo es muy alto. La onicofagia se vuelve patológica cuando se pone en peligro la salud de las manos y es imposible dejar de martirizarse las uñas.

Dermatilomanía

La segunda patología obsesivo-compulsiva más extendida asociada a las manos es la dermatilomanía. Este trastorno es muy complejo y no afecta únicamente a las manos sino también a la cara, a los brazos y a otras partes del cuerpo. Las personas que padecen dermatilomanía se arañan y se arrancan continuamente la piel, las pielecillas y las costras, llegando incluso a la automutilación.

La diferencia con la onicofagia es que la dermatilomanía lleva a la persona a encontrar una parte de su cuerpo llena de imperfecciones, en este caso las manos, y a tener que intervenir para eliminarlas.
Los pacientes que sufren dermatilomanía focalizada en las manos notan picor y molestias en la zona de las uñas y sienten satisfacción cuando consiguen eliminar la piel y las pielecillas de más. En los casos más graves, los sujetos alcanzan tal nivel de compulsión que requieren que se les intervenga quirúrgicamente para preservar la funcionalidad de los dedos.

Las causas de la onicofagia y la dermatilomanía

La mayor parte de los trastornos obsesivo-compulsivos tienen su origen en la incapacidad de quien los padece de afrontar de manera serena ansiedad y estrés. Freud, uno de los primeros en analizar la onicofagia en términos psiquiátricos, creía que en el origen de comerse las uñas existía un problema asociado a la fijación oral.
En cambio, las teorías modernas consideran que la onicofagia y la dermatilomanía son problemas de origen psicosomático derivados de una condición psicológica particular. Las personas que sufren onicofagia y dermatilomanía suelen presentar grandes dificultades (a veces expresadas pero a menudo inconscientes) para gestionar sus emociones.

No solo afrontan de manera equivocada las emociones negativas como rabia, miedo y dolor, sino que también tienen una dificultad extrema para gestionar incluso las emociones positivas como el amor o una alegría repentina.
Las personas que padecen un trastorno obsesivo-compulsivo focalizado en las manos, suelen tener muy poca autoestima y una percepción equivocada de sí mismos. Al final suele ocurrir que la onicofagia y la dermatilomanía acaban siendo solo un síntoma más de un problema más importante a nivel personal, asociado quizás a un acontecimiento traumático o a un estado de depresión.

Los riesgos de la onicofagia y la dermatilomanía para la salud

Muchas personas piensan que los trastornos obsesivo-compulsivos relativos a las manos solo tienen que ver con un problema de tipo estético. A pesar de que este es el aspecto más evidente, no es el más peligroso.
Tener siempre heridas abiertas en los dedos favorece el paso de bacterias y otros agentes patógenos perjudiciales para la salud al interior del organismo. Uno de los mayores riesgos es el de contraer una infección viral por transmisión oral-fecal debido a la ausencia de la barrera de seguridad que proporcionan las uñas y la piel.

Otro problema frecuente asociado a la onicofagia es la aparición de caries y otros problemas en los diente y en las encías, debido igualmente a las bacterias presentes en los dedos. La dermatilomanía, por su parte, también puede provocar artritis en los huesos y articulaciones de los dedos, hasta llegar a causar auténticas malformaciones.

Remedios para dejar de martirizarse las manos

Antes, para combatir la onicofagia y la dermatilomanía se trataba la acción en sí, intentando impedir que el sujeto se comiese o se arrancase las uñas o la piel. Casi todos recordaremos los esmaltes y las cremas para las manos con un sabor desagradable, cuya eficacia estaba demostrada solo en los casos más leves. En los casos más graves, sobre todo en niños y adolescentes, los pacientes a veces se veían obligados a llevar guantes incluso dentro de casa.

Sin embargo, la mayoría de los médicos están convencidos de que para tratar este tipo de trastornos obsesivo-compulsivos es necesario tratar a la persona y las motivaciones que le han llevado al desarrollo de esta patología. Esto es posibles gracias a la psicoterapia: para eliminar el problema suelen bastar unas cuantas sesiones de terapia de comportamiento.

¿Cuándo es necesario pedir ayuda?

La línea que separa un comportamiento normal asociado al estrés pasajero de la verdadera patología es muy sutil. A menudo, quien padece onicofagia o dermatilomanía no reconoce su dependencia de la patología ni siquiera viendo las heridas presentes en las manos.
Cuando las manos están llenas de heridas, las uñas han sido reducidas a pocos milímetros de largo y a la persona le resulta imposible dejar de hacerse daño, es el momento de pedir ayuda a un especialista.
Es necesario intervenir lo antes posible para evitar que la situación empeore y se vuelva peligrosa no solo para las manos y la salud sino para evitar que el trastorno se arraigue demasiado y requiera una terapia psicológica y de comportamiento más larga y complicada.

Onicofagia y dermatilomanía en los niños

Los trastornos obsesivo-compulsivos relativos a las manos afectan en mayor medida a los niños y adolescentes. Especialmente en estos últimos se ha calculado que onicofagia y dermatilomanía llegan a afectar a casi el 50%.
El trastorno luego tiende a disminuir con el paso de los años hasta desaparecer completamente. Antes se pensaba que los niños empezaban a meterse las manos en la boca por un problema asociado a la lactancia (problemas para agarrarse al pecho, lactancia demasiado breve, etc.).

En realidad, también en su caso las causas están asociadas al trastorno psicológico de crecer y tener que enfrentarse a los demás. Para los adolescentes puede ser útil una terapia de comportamiento unida a una psicológica, en cambio para los niños suele ser suficiente la primera. Siempre es aconsejable hablarlo con el pediatra para entender cuál es la mejor vía e intervenir de manera oportuna sobre el problema.

S. Monari

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