La mujer y sus genitales

Nombrar los genitales

En nuestro idioma, las referencias a los genitales femeninos siempre tienen connotación negativa mientras que los masculinos pueden reforzar positivamente cualquier cosa.

Desde pequeñas las niñas tienen una gran confusión para nombrar a sus genitales y acaban recurriendo a expresiones como “mis partes”, “ahí abajo” etc. No darle un nombre como a las demás partes del cuerpo tiene un gran significado, es la zona no nombrada, que no existe y a la que no hay que prestar atención porque es avergonzante.

¿Alguna vez te has observado?

La mayoría de las mujeres aseguran no haber examinado nunca sus genitales detenidamente. Las razones suelen ser el no considerarlo necesario, el sentirse ridícula o incluso manifestaciones de rechazo hacia su propio cuerpo como pensar que sus genitales son feos o desagradables.

Los hombres tocan y observan sus genitales más a menudo. Lógicamente les es más fácil porque necesitan sujetar su pene para orinar e incluso el acto de masturbación implica mirarlo aunque no sea detenidamente.

Ellas tienen que hacer un esfuerzo extra para examinarse. Deben utilizar un espejo y colocarlo entre las piernas, abrir los labios con los dedos y ponerse en una postura poco cómoda. Lo cierto es que merece la pena; favorece una relación positiva con lo que es, al fin y al cabo, una parte muy importante de su cuerpo y además facilita la prevención de problemas en la zona al ser capaz de detectar cambios en el aspecto de los genitales.

Los genitales femeninos por partes

Los genitales femeninos varían de mujer a mujer, no hay una vulva igual que otra. Si la mujer se detiene a hacer el ejercicio anteriormente mencionado y comienza a observar sus genitales con un espejo podrá diferenciar las siguientes partes. También puedes verlas en nuestras secciones del atlas del cuerpo humano "Aparato genital femenino" y "Genitales femeninos externos".

  • Monte de Venus. Una capa de grasa que protege el hueso púbico, el prominente abultamiento de esta zona era considerado en la Antigua Grecia signo de erotismo. Está cubierto de vello y contiene muchas terminaciones nerviosas, siendo su masaje muy placentero.
  • Labios mayores. Los labios externos son carnosos y generalmente cubiertos de vello. En su parte interna contienen terminaciones nerviosas y glándulas sudoríparas. Uno puede ser más grueso o largo que el otro.
  • Labios menores. Se llaman así por ser más delgados que los mayores pero no tienen por qué ser más cortos. En algunas mujeres incluso sobresalen y se pueden apreciar a primera vista. No tienen vello pero si glándulas que contribuyen a la lubricación.
  • Clítoris. Su única función es la de recibir placer y durante muchos años fue olvidado por no tener nada que decir en la reproducción. La parte que podemos ver es el glande, que se erecta con la excitación, pero el clítoris cuenta con unas raíces que rodean la entrada de la vagina y la uretra y contiene en total 80.000 terminaciones nerviosas. El doble que el pene.
  • Uretra. Justo debajo del clítoris podemos observar un minúsculo agujero. Algunas mujeres lo tienen más alejado y otras más cercano al clítoris y puede ser complicada de localiza. La uretra es la vía por la que se expulsa la orina.
  • Vagina. Del latín “vaina” que hace referencia a ser la funda del pene. Aunque muchas mujeres lo imaginan como un agujero, en realidad es un espacio virtual que adapta su tamaño según la ocasión. Tiene una profundidad de unos 8 cm en reposo y durante la excitación de expande y alarga para dejar paso al pene. Es extremadamente flexible. Al observarla con un espejo veremos que su entrada es irregular, como con petalos; son los restos del himen. Si se conserva la virginidad se verá un fino tejido.
  • Perineo. De la vagina al ano hay una pequeña extensión de piel llamada perineo. Lleno de terminaciones nerviosas es una zona erógena importante.

El cuidado íntimo

Los genitales femeninos tienen un aspecto delicado pero son fuertes y resistentes. Su daño más frecuente viene curiosamente de un exceso de higiene. Los jabones fuertes pueden alterar la acidez de la mucosa y provocar que proliferen en exceso los hongos lo que causa picores. En realidad, la mejor manera de asear la vulva y la vagina es simplemente con agua, no necesita nada más.

En los anuncios de productos sanitarios para la menstruación siempre hablan de olores y de maneras de ocultarlo. Los genitales no huelen mal a no ser que estén enfermos, y ese olor que desprenden durante la regla no son más que la reacción a los químicos y blanqueantes de esos tampones y compresas.

Observando nuestros genitales y los fluidos que producen se pueden prevenir enfermedades e infecciones. Si el flujo se vuelve blanco, de color grisáceo, muy espeso o deprende un olor intenso  es el momento de visitar al médico. Así como si la piel o las mucosas muestran lesiones, ampollas, verrugas etc.

Otros contenidos del dosier: Higiene íntima

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