"Todavía no me ha venido": la adolescente y su regla

La causa más frecuente del retraso de una regla en la adolescencia no es el embarazo, sino que es funcional, principalmente por trastornos alimentarios, pero también por estrés (exámenes..) y otros problemas psicológicos, enfermedades, cirugía… Asimismo, también son frecuentes los retrasos por sobreentrenamiento deportivo. A menudo, las madres son las primeras en ser consultadas, y tener un conocimiento básico de la existencia de estas situaciones permitirá buscar el soporte médico sin perder la calma.

¿Cuándo es previsible que aparezca la primera regla?

Justo antes del inicio del desarrollo de las mamas, que no suele ocurrir antes de los 8 años ni más tarde de los 14, la jovencita experimenta un período de crecimiento rápido y pega un estirón. Aparece después el vello púbico y el vello axilar. Este proceso dura alrededor de dos o tres años, quizás menos, cuando todo se inicia de forma más tardía. Y finalmente, pero no sin haber avisado, aparece el primer manchado. La alimentación y la actividad deportiva, el clima y probablemente factores psicológicos hacen variar ligeramente este proceso hormonal.

¿Y qué es lo normal, mamá?

La primera regla tiene lugar entre los 10 y los 16 años (12- 13 es lo más común). La duración normal de la menstruación es de 2 a 7 días. La cantidad de pérdida menstrual debe ser inferior a 8 apósitos (compresas o tampones) empapados al día.

La frecuencia normal de los ciclos menstruales es de uno cada 21-35 días. Tranquiliza mucho estar al corriente de que durante los dos o tres primeros años que siguen a la menarquia (primera regla), no es inusual que los ciclos menstruales sean irregulares, en frecuencia y duración. Y es que entre el 55% y el 82% de los ciclos son anovulatorios, lo cual explica que en esta etapa de la vida exista una deficiente secreción de progesterona. La irregularidad es máxima el primer año. Así, las reglas suelen venir en un promedio de 7-8 veces en el transcurso del primer año.

Entonces, ¿no hay que asustarse si un mes la regla se retrasa unos días?

Cuando la regla se atrasa y pasan más de 35 días desde el primer día del último ciclo (pero menos de 6 meses) estamos ante un ciclo menstrual largo y hablamos de oligomenorrea. Más de 6 meses sin regla, cuando ya se ha presentado previamente un sangrado uterino, permiten hablar de amenorrea secundaria y, lógicamente, requieren una consulta con el especialista. Es aconsejable acostumbrarse a llevar un registro de los días de "manchado" en un pequeño calendario o en el móvil, para poder precisarlo cuando se comente con el médico de cabecera o el pediatra. La causa más frecuente de oligomenorrea en la adolescencia es la funcional, agravada por estados de estrés (exámenes, viajes, conflictos personales importantes...), variaciones de peso notables, enfermedades intercurrentes o bien la práctica intensiva de algún deporte.

Solamente cuando los ciclos largos se prolongan más allá de dos o tres años después de la menarquia, deberán iniciarse estudios complementarios. Resulta de interés conocer los antecedentes familiares de trastornos menstruales. También debe consultarse con el especialista cuando los desajustes menstruales coexisten con otras alteraciones (por ejemplo de peso, en la piel, exceso de pelo...). Si la joven mantiene relaciones coitales se investigará entonces la posibilidad de embarazo.

¿Y cuando decimos que el sangrado es excesivo?

Hablamos de metrorragia cuando la adolescente empapa más de 8 apósitos diarios; la regla se prolonga más de 8 días; aparece con una frecuencia elevadamente irregular (menstruación no cíclica) o superior, es decir antes de los 21 días; o por combinaciones de todas estas situaciones. Las metrorragias funcionales, por ciclos anovulatorios son las más frecuentes (80%). En la práctica existen dos grandes tipos: una forma aguda, con anemia importante que obliga a una actuación rápida, y formas menos graves, en las que la repetición puede producir igualmente anemia.

Siempre hay que descartar anomalías de la coagulación de la sangre y anomalías genitales, traumatismos, complicaciones de los contraceptivos (pastillas, dispositivo intrauterino...). Cuando sea oportuno, también habrá que descartar las complicaciones de un embarazo que haya podido pasar por alto. El tratamiento de las metrorragias funcionales van desde el simple control o el tratamiento con hierro en los casos leves, hasta el tratamiento hormonal más o menos intenso, dependiendo de la gravedad del sangrado.

Mamá, ¡me duele!

En efecto, las reglas resultan siempre muy engorrosas para las adolescentes y algunas veces, más o menos dolorosas. Resulta de gran valor sentarse a hablar unos minutos para explicar a la jovencita el privilegio con el que la fisiología dota a las mujeres: la capacidad de procrear y gestar. El momento de la menarquia es trascendente sin duda para la niña, que a menudo ha oído hablar de ello con detalle, pero sin gran profundidad biológica. Como siempre, el conocimiento y la actitud ante los procesos que debemos afrontar incide sobre nuestro estado de ánimo y la energía para acometerlos. Dedicar el tiempo suficiente, con afecto y con explicaciones simples pero rigurosas, evitará percances desagradables, que son, de hecho, lo que más teme la adolescente. Cuando la joven adquiere destreza en el manejo de los apósitos, comprobará por sí misma que, salvo excepciones, continuar con la práctica de deporte moderado, le reporta más ventajas que inconvenientes.

Sin embargo, es cierto que unas reglas duelen más que otras y que algunas jóvenes lo pasan peor que otras. El 78% de las adolescentes refieren algún tipo de dolor, pero solamente limita la actividad diaria al 7%. En algunos casos, el médico prescribe algún tipo de fármaco.

Utilizamos el término dismenorrea para referirnos al dolor asociado a la regla. El dolor es espasmódico, tipo retortijón, a nivel abdominal y con irradiación a la parte anterior de los muslos; es máximo el primer día y suele durar poco más de 24 horas. Algunas chicas manifiestan sentirse más cansadas o nerviosas, mareadas, pueden presentar dolor de cabeza o de espalda, náuseas o incluso aumento del tránsito intestinal. Dormir bien, llevar una alimentación equilibrada, y descansar algo más resulta eficaz para sobrellevar esos días de forma más positiva. Cambiar las prisas por una organización del tiempo y los recursos más consciente, autónoma y efectiva debiera ser la base de toda adolescente y, más aún, en estos días delicados en los que su organismo merece una atención especial. Un adecuado asesoramiento por parte de las féminas en quienes confía, desterrará cualquier temor y ayudará a prever y resolverlas eventualidades que pudieran surgir.

El relato de las sensaciones y la descripción del periodo ayudarán al médico a descartar la posibilidad de alteraciones o desviaciones de la normalidad. Desde luego, lo más común en la adolescencia es la dismenorrea primaria, es decir, aquellas situaciones en las que el dolor o las molestias aparecen sin evidencia de enfermedad orgánica previa. El tratamiento de la dismenorrea primaria dependerá de su categorización, es decir, de la intensidad de los síntomas. Las formas leves mejoran con el ejercicio. Solo las formas más importantes se tratan con analgésicos, y siempre se advierte que algunos pueden aumentar la pérdida menstrual. El tratamiento hormonal se reserva para los casos severos en que no hay respuesta a los antiinflamatorios o hay gran repercusión sobre la actividad diaria normal. Una dismenorrea importante desde el inicio de la menarquia hacen pensar en otras circunstancias que convendrá consultar precozmente con el especialista. En estos casos, sí se hace imprescindible la visita al ginecólogo, para ahondar en la historia clínica, el examen físico exhaustivo y los exámenes complementarios que se determinen, habitualmente ecografía y análisis de sangre.

Bibliografía:

Partera N, Surís JC, Tur R. Patología menstrual a l’adolescència. Pediatra Catalana 2002; 62: 234-238.

Otros contenidos del dosier: Menstruación

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