Pubertad precoz: cuando la niña se hace mujer antes de tiempo

La pubertad es una etapa muy importante en la vida porque determina la talla final del adulto y, de algún modo, también el carácter. Vivirla con naturalidad es fundamental para conseguir una madurez plena, tanto física como emocionalmente. Pero ¿qué ocurre cuando llega antes de tiempo?

Los 8 años, el umbral de la pubertad precoz

Los médicos hablan de pubertad precoz cuando el desarrollo de signos puberales, como las glándulas mamarias o la llegada de la primera menstruación (menarquia), se produce antes de los 8 años. Es una enfermedad propia del género femenino, con una incidencia de 1 niña por cada 20 niños y en España, la padecen una de cada 5.000 niñas. La pubertad precoz no debe confundirse con la pubertad adelantada, un fenómeno cada vez más común en Europa y América: “Hace dos siglos las niñas presentaban su primera regla entre los 16 y los 17 años, hoy esa edad ha bajado a los 12”, explica el doctor Joaquín Calaf, ginecólogo del Hospital Quirón Barcelona.

El umbral de los 8 años es orientativo y servirá a los padres como pauta para consultar con el especialista, ya que las pubertades ‘adelantadas’ también deben vigilarse. “Dada la tendencia global a que todo el proceso se adelante en el tiempo, el límite de los 8 años no puede ser rígido. Se trata de una alerta, pero no debe vivirse como una amenaza”, puntualiza el doctor Calaf.

Un equipo formado por pediatra, ginecólogo y endocrino infantil será quien diagnostique si el desarrollo puberal de la niña entra dentro de lo normal (pubertad adelantada) o si se engloba dentro de la patología conocida como pubertad precoz.

Según un informe de la endocrinóloga infantil Carmen Temboury, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital del Sureste (Madrid), los límites normales de inicio de pubertad se sitúan entre los 9 y los 11 años y el final de ella a los 15.

Diagnóstico de la pubertad precoz

Para detectar un caso de pubertad precoz, lo primero es definir la causa, es decir, saber por qué se disparan los niveles de gonadotropinas. El doctor Calaf insiste en la importancia de realizarle al paciente una resonancia magnética cerebral que descarte la existencia de algún tumor capaz de inducir la secreción prematura de la hormona liberadora de gonadotropinas.

Una vez descartado el tumor, el resto de pruebas diagnósticas incluyen una radiografía de la mano que determine la edad ósea del paciente y una exploración física completa.
También es importante disponer del historial clínico, incluida la curva de crecimiento, la posible exposición a esteroides sexuales y sus antecedentes personales (como algún traumatismo craneoencefálico) y familiares, como la talla y edad de la pubertad en los progenitores.
“La conveniencia o no  de un tratamiento determinado deberá deducirse a partir de un buen diagnóstico”, subraya el ginecólogo. 

El deporte y la dieta pueden retrasar la primera menstruación

Cuando se trata de una pubertad temprana, dentro de los parámetros de la normalidad, el doctor Calaf no es partidario de aplicar tratamientos farmacológicos: “si una niña presenta entre los 8 y 9 años los primeros signos de impregnación hormonal (vello pubiano, botón mamario) se debe valorar la adecuación de su peso y sus hábitos nutricionales y favorecer la práctica del deporte. Esto puede ralentizar o retrasar el momento en que se alcance el dintel de masa corporal crítica y la primera regla. De este modo se puede conseguir una mejor esperanza de talla final”.

En caso de una pubertad precoz genuina, es decir cambios anteriores a los 8 años, el doctor Calaf explica que hay tratamientos a base de esteroides que detienen temporalmente el proceso de maduración sexual y que cada caso debe ser valorado a detalle por el especialista.

El diálogo en la pubertad

Aparte de los cambios físicos, la llegada de la pubertad también provoca altibajos en el estado de ánimo. Estos cambios, cuando llegan a una edad muy temprana, pueden provocar complejos y desajustes psicológicos.
Por eso es importante que los padres se impliquen. El doctor Calaf recomienda fomentar el diálogo y “crear un ambiente en el que se pueda preguntar sin miedo a las críticas”. Explicar sin tapujos la profunda transformación que supone la pubertad  ayudará a tus hijos a afrontar sus cambios corporales y anímicos desde la autoestima.

Otros contenidos del dosier: Menstruación

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