El tratamiento de las úlceras crónicas de origen vascular

Técnicas innovadoras, pero que apenas se aplican a gran escala, mejoran la cicatrización de las úlceras crónicas de origen vascular. Nos cuenta los detalles el doctor Pascal Priollet, jefe del servicio de medicina vascular del Grupo Hospitalario París Saint-Joseph (Francia).

Las úlceras crónicas de origen vascular

Las úlceras crónicas son úlceras que, transcurridos entre cuatro y seis días desde su aparición, siguen sin cicatrizar. Hay, principalmente, tres tipos de úlceras crónicas: las escaras de presión, las úlceras asociadas a la diabetes y las úlceras de la pierna de origen vascular. “Alrededor del 5% de los pacientes de más de 80 años tienen úlceras de la pierna de origen vascular”, indica Priollet. Las úlceras de la pierna pueden tener causas venosas, arteriales o mixtas.
Las úlceras venosas, las más comunes, están relacionadas con la existencia de una insuficiencia venosa (varices o, más frecuentemente, síndrome postrombótico). En cuanto a las úlceras de origen arterial, responden a una arteriopatía obliterante de los miembros inferiores, cuya causa principal es la arterioesclerosis, que es más común en las personas diabéticas.

Tratar la herida y la causa del problema

Para curar las úlceras crónicas de origen vascular es necesario tratar tanto la herida como causa. A nivel local, el objetivo es favorecer la cicatrización creando las condiciones más propicias para ello. Esto se consigue empleando vendas que ayuden a mantener la zona húmeda, lo que protege de posibles infecciones y reduce el dolor.
La cura consta de tres etapas, que corresponden a cada una de las tres fases evolutivas de la cicatrización: desinfección, maduración y reepidermización.

  • La fase de cicatrización tiene el objetivo de eliminar los restos celulares y costrosos de la superficie de la úlcera. Esto se hace de manera mecánica, con bisturí, cureta y tijeras, bajo anestesia local. La desinfección puede hacerse bien con vendas mojadas en agua, que mantienen la herida húmeda y permiten la hidratación de los tejidos resecos, bien con vendajes semioclusivos absorbentes (alginato de calcio) si la herida supura.
  • En la segunda fase, la de maduración o brote, se emplean vendajes oclusivos para mantener la herida húmeda y templada. Pueden utilizarse vendajes hidrocoloides, apósitos hidrocelulares, de alginato de calcio o tules neutros.
  • Los mismos tipos de vendajes pueden utilizarse en la fase tres, la de la reepidermización, que completa el proceso de cicatrización.

De manera paralela, es necesario tratar la causa de las úlceras. “Si la úlcera está relacionada con una insuficiencia venosa será necesario colocar una compresión venosa con ayuda de medias de contención”, indica Priollet. En caso de recidiva, el tratamiento consiste en una cirugía venosa para curar las varices. Si la úlcera es de origen arterial, se utilizan técnicas de revascularización: bypass (restablecimiento de la circulación sanguínea en la arteria) o angioplastia (dilatación de las arterias).

Úlceras crónicas de origen vascular: tratamientos innovadores

Existen dos técnicas innovadoras que también pueden utilizarse para acelerar la cicatrización de las úlceras de origen vascular: la terapia por presión negativa y el trasplante cutáneo.

  • El tratamiento por presión negativa consiste en crear una presión negativa en la zona de la herida, con ayuda de un aparato especial que aspira la úlcera de manera mecánica y continuada, lo que precipita los procesos de maduración y cicatrización. Sobre la úlcera se aplica una mouse de poliuretano recubierta de una capa protectora asociada a un recipiente sobre el que se aplica presión atmosférica de modo continuado o interrumpido. La presión negativa produce varios efectos: estimula la perfusión sanguínea local y disminuye la colonización bacteriana y el exceso de líquido en la herida. Esta técnica se emplea antes de un trasplante o como tratamiento de segunda intención si los tratamientos clásicos no han dado resultado.
  • El trasplante cutáneo es un autotrasplante que consiste en extraer del muslo, bajo anestesia local, parches de piel de 0,5 cm de diámetro, para aplicarlos sobre la úlcera en su fase madurativa. “A continuación colocamos un vendaje grueso en la zona trasplantada y, al cabo de tres días, hacemos un primer corte”. La técnica es doblemente interesante: si el trasplante prende parcial o totalmente, acelera la cicatrización, y si no prende, como la herida ha recibido suficiente riego sanguíneo, podemos aplicar la técnica de la revascularización. Otra ventaja del trasplante cutáneo es que produce un efecto analgésico casi inmediato.

“Simultáneamente se están evaluando otras técnicas para tratar las úlceras crónicas de origen vascular”, anuncia Priollet.
La nota negativa es que, en la actualidad, las úlceras crónicas de origen vascular no suelen estar bien tratadas, se lamenta el especialista: “Por un lado, por la escasez de áreas especializadas en este tipo de heridas y, por otro, por la formación insuficiente de las enfermeras encargadas de tratarlas”.
A-S Glover-Bondeau

Otros contenidos del dosier: Tratar las varices

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