Enuresis, ¡no todo está en la cabeza!

La enuresis primaria es la que ha ocurrido siempre, sin periodo de continencia previo. Y ésta afecta a un 80 por ciento de los niños, entre los que hay cuatro niños por cada niña.

Cuando le vejiga se niega a hacerse adulta

La enuresis puede ser el resultado de un mal funcionamiento de la vejiga llamado inmadurez de la vejiga. Se trata de un retraso fisiológico de los reflejos neuromusculares que controlan la vejiga. Como resultado de esto, el órgano se contrae automáticamente antes de haber recibido la señal de estar lleno. En cuanto la presión alcanza un determinado nivel las ganas de hacer pis se vuelven imperiosas. Para reforzar los músculos pélvicos, el niño debe entrenarse frenando el chorro de pis varias veces mientras orina.

Cuando la vejiga es demasiado pequeña

A veces, el responsable de la enuresis es el tamaño de la vejiga. Cuando es muy pequeña es incapaz de contener toda la orina que se produce y entonces hay pérdidas. Para favorecer su crecimiento, el niño debe beber mucha agua durante el día y aguantarse las ganas de ir al baño el mayor tiempo posible. No es fácil pero sí eficaz.

Cuando la secreción hormonal no es suficientemente abundante

Normalmente, con el fin de retrasar la producción de orina nocturna, el cuerpo incrementa por la noche la secreción de la hormona antidiurética (ADH), que reduce la producción de orina. Y al contrario, cuando esta hormona no se produce en cantidades suficientes, la vejiga se desborda.

Con el fin de corregir el desajuste hormonal puede recetarse un tratamiento a base de desmopresina, medicamento que debe tomarse una sola vez al día, antes de acostarse.

Cuando el sueño es demasiado profundo

A veces sucede que el niño no llega a despertarse a pesar de tener ganas de orinar y de sentir la vejiga llena, entonces puede incluso ¡soñar que va al baño!

Cuando la herencia se interpone

Parece que los niños enuresis lo son, en parte, a causa de la genética. El riesgo de padecer este tipo de incontinencia urinaria es del 15 por ciento en la población general pero del 44 por ciento en aquellos con padres enurésicos, cifra que aumenta cuando es el padre el que padeció la enfermedad; si los dos padres fueron enurésicos entonces el riesgo escala al 77 por ciento.

En casos aislados el “pipi en la cama” puede ser reflejo de anomalías más graves (infección urinaria, diabetes, espina bífida, estreñimiento, malformación del aparato urinario de origen genético, etc) que justifican una acción médica específica. De ahí la importancia de consultar siempre con el médico, aunque se crea haber detectado causa. Más vale confirmar un diagnóstico que dejar que una patología pase inadvertida y se instale.

Axelle de Franssu

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