Bebé: ¿le conviene ir a la piscina?

Las conclusiones de dichas investigaciones coinciden en que existe un mayor riesgo de infecciones respiratorias en bebés, que, con la edad, podrían igualmente presentar más probabilidades de sufrir asma y alergias. Descubre a continuación lo que dicen los resultados y las medidas recomendadas.

Un mayor riesgo de patologías respiratorias

El profesor Alfred Bernard (1), autor de diversos estudios sobre los efectos nocivos del cloro y sus derivados, constata un aumento de las infecciones respiratorias (2). De las bronquiolitis, en particular, que parecen multiplicarse por 4 en el caso de los niños de 5 años que hayan acumulado más de 20 horas de piscina durante sus dos primeros años de vida. 

Más alarmante, debido a su cronicidad y a las repercusiones a largo plazo en la calidad de vida de los afectados, es el aumento de casos de asma y alergias respiratorias que se constatan en sujetos que frecuentaban las piscinas a la edad de 4-6 años. “Dichos riesgos se dan igualmente en piscinas exteriores”, explica el profesor Bernard. “Estos casos adquieren mayor importancia por el hecho de que la exposición tuvo lugar durante la infancia, momento en el que existe un medio atópico”. 

Sin embargo, ciertos estudios no confirman esta correlación. Es más, uno en concreto llega a la conclusión de que la piscina no hace sino mejorar la función respiratoria y disminuir el riesgo de asma, especialmente en niños con predisposición a ambos trastornos. El Prof. Bernard advierte que este estudio centra su interés en niños menores de 10 años, cuando, para que se manifieste, el asma necesita un número de horas en piscina que la mayoría de los niños no acumulan a edades tan cortas.  

El científico recuerda que en Europa la frecuencia del asma y de las alergias es mayor cuanto más elevada es la densidad en las piscinas (4), que se dan más casos de asma en los nadadores de alto nivel que en otros deportistas (5) y que esta patología está considerada como enfermedad profesional para los profesores de natación. E ironiza: “¿Cómo los bebés, con un sistema inmunitario y respiratorio inmaduro y una epidermis permeable, no van a correr riesgos? Acabamos de demostrar, además, que frecuentar las piscinas durante la infancia induce igualmente a cambios hormonales” (6).

El cloro como principal acusado

Para el Prof. Bernard, los mecanismos responsables del desarrollo de estas patologías respiratorias comprometen necesariamente al cloro utilizado para desinfectar las piscinas. “Los riesgos no aumentan si las piscinas utilizan otros procedimientos (3), señala el investigador. “Conocemos los efectos nocivos del cloro desde hace más de 50 años (7). Su interacción con los compuestos orgánicos del agua (sudor, cosméticos, orina…) produce un gran número de moléculas tóxicas como las tricloraminas, cuyo olor es característico”. Liberadas en el agua o en forma de gas, las tricloraminas penetran en las vías respiratorias de los nadadores irritándolas y aumentando su permeabilidad, lo que va a facilitar el paso de los agentes patógenos y de los alérgenos (8). Estos cambios se observan igualmente a nivel celular a través de, entre otras cosas, una disminución de la síntesis de proteínas antiinflamatorias. 

El conjunto de estos datos ha inspirado al Prof. Bernard, quien ha revelado una original hipótesis según la cual no es el exceso de higiene lo que favorece el aumento de casos de asma y alergias en los países industrializados sino la frecuentación de piscinas desinfectadas con cloro (8). 

¿Hay que prohibir las piscinas?

Para el Prof. Bernard la respuesta es sencilla. “Sí”, se debería impedir el acceso a la piscina a los niños menores de dos años, e incluso a los menores de 6 o 7, salvo en caso de disponer de una piscina controlada y desinfectada por un procedimiento diferente de la cloración (sistemas electrolíticos del tipo cobre/plata, ozono, agua oxigenada, nanofiltros…). Estos métodos, más costosos y menos eficaces que el cloro, son todavía muy poco frecuentes en España. La Asociación Española de Pediatría (AEP), tomando como base los trabajos de investigación del Prof. Bernar, advierte de estos riesgos: “Se recomienda a los padres de bebés o de niños de corta edad con antecedentes familiares o con una bronquiolitis en su historial que se planteen seriamente las consecuencias de la matronatación…”. 

Si a pesar de todo, insistes en apuntar a tu bebé a unas clases de natación, háblalo con tu pediatra o tu médico de cabecera, quien podrá emitir un certificado de no contraindicación. Para limitar los riesgos, el Prof. Guy Dutau (9), neumólogo, aconseja evitar estas prácticas durante el invierno, ya que se trata de la época de mayor proliferación de la bronquiolitis y en la que la aireación de las piscinas se ve reducida. No olvides que las piscinas que ofrecen actividades para bebés deben seguir una reglamento especial: el agua debe renovarse dos veces antes del comienzo de la actividad, la piscina debe estar reservada para el uso único de los más pequeños, la temperatura del agua y la del aire deben estar adaptadas y la ventilación debe ser máxima. 

Infórmate bien, incluso si se trata de una salida puntual a la piscina, de los mejores horarios para poder disfrutar de un aire renovado y de un agua limpia y lo más libres posible de derivados cloratados. “La elección de la piscina es un punto importante”, matiza el Prof. Dutau. “Es básico que el establecimiento vigile que sus usuarios cumplan las normas básicas de higiene (gorro, ducha con jabón antes del acceso a las piscinas, pañales de un solo uso…). Yo no lo prohibiría por norma general, pero recomendaría prudencia, sobre todo si el niño tiene antecedentes familiares de asma o alergia”. 

A. Plessis.

Fuentes:

Entrevistas de los Profs. Alfred Bernard et Guy Dutau realizadas en junio de 2011. 

1 - Alfred Bernard es director de investigaciones en el Fondo Nacional de Investigación Científica (FNRS), también trabaja en el Centro de toxicología y farmacología aplicada de la Universidad Católica de Louvain (UCL). 

2 - Nystad W, Nia F, Magnus P, Nafstad P. Baby swimming increases the risk of recurrent respiratory tract infections and otitis media. Acta Paediatr 2003;92:905-909.

3 - Bernard A, Nickmilder M, Voisin C. Outdoor swimming pools and the risks of asthma and allergies during adolescence. Eur Respir J. 2008;32:979-88.

4 - Nickmilder M, Bernard A. Ecological association between childhood asthma and availability of indoor chlorinated swimming pools in Europe. Occup Environ Med 2007;64:37-46.

5 - Bougault V, Turmel J, Boulet LP. Effect of intense swimming training on rhinitis in high-level competitive swimmers. Clin Exp Allergy 2010;40:1238-1246.

6 - Nickmilder M, Bernard A. Associations between testicular hormones at adolescence and attendance at chlorinated swimming pools during childhood. Int J Androl. 2011 Jun 2. doi: 10.1111/j.1365-2605.2011.01174.x.

7 - MOOD EW. Development and application of high-free residual chlorination in the treatment of swimming pool water. Am J Public Health Nations Health. 1953 Oct;43(10):1258-64.

8 - Bernard A. Chlorination products: emerging links with allergic diseases. Curr Med Chem. 2007;14:1771-82. Review.

9 - El Prof. Guy Dutau es especialista en neumología y alergología, ex jefe de servicio en medicina infantil y autor de diferentes obras como "Les allergies respiratoires en questions" y "Paroles de patients, l'asthme", Editions Phase 5.

Otros contenidos del dosier: Salud del bebé

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