Controversias sobre la succión

Repercusiones en la oclusión dental

Según algunos médicos estomatólogos y ortofonistas, el chupeteo del pulgar puede acarrear trastornos de la oclusión dental ocasionando la proyección de los incisivos superiores hacia delante y la retropulsión de los inferiores hacia atrás (maloclusión). A pesar de ser tema de debate entre especialistas, no existen pruebas por el momento que aseguren esta repercusión en la dentadura. Este hábito podría considerarse relevante únicamente en caso de que persista en el momento de la segunda dentición, es decir, alrededor de los 6 años.

El chupete

En los últimos años la oposición al chupete es cada vez menor. Tanto es así que podemos encontrar este artículo en farmacias, supermercados o tiendas de puericultura. En las sociedades primitivas, no exisitía el chupete, lo cual viene a probar que no tiene razón de ser. El niño, porteado siempre en bandolera por la madre, toma el pecho cuando lo necesita: mama cuando tiene hambre y chupa cuando le apetece. Para responder a esta necesidad natural del niño, las sociedades modernas crearon sucedáneos, es decir, el biberón para comer y el chupete para chupar.

Por regla general, un niño chupa el dedo o el chupete pero raramente chupa los dos a la vez. Es a finales del siglo XIX cuando este hábito de chupar el pulgar comienza a ser considerado como algo sucio y perjudicial. Se le reprochaba, entre otras cosas, ser causante de escoliosis, andenoiditis, caries, meteorismo abdominal...

Hoy en día, el chupete sigue siendo objeto de controversia. Por ello, el pediatra que lo aconseja a los padres recibe a menudo miradas escépticas y de sorpresa. A pesar de ello, es habitual que, en la siguiente visita, el bebé llegue con el chupete en la boca para sorpresa del especialista. Incluso si la madre se había en un prinicpio negado por completo jurando jamás darlo a su hijo.

Cabe destacar aquí la sensata observación de B.L.White a propósito de la succión: "Dado que chupar su mano es una actividad muy corriente en el recién nacido, no podemos sino deducir que dicho hábito le aporta una gran satisfacción".

En caso de ensuciarse, el chupete puede lavarse y estirilizarse. Es muy útil, además, hacerse con varios ejemplares del mismo modelo y tener siempre uno a mano en caso de que lo perdamos o para poder esterilizarlos regularmente. Ciertas madres chupan ellas mismas el chupete antes de darlo al niño para así limpiarlo, sin embargo esta costumbre es raramente responsable de infecciones para el niño. De hecho, de ser peligroso para la salud del pequeño también lo serían entonces el hablarle o un simple beso, ya que podría pasarle gérmenes en una simple gota de saliva.

Antiestético o no, el chupete es una cuestión de gustos. ¿O acaso es más "estético" oír llorar a un bebé porque tiene necesidad de chupar? ¿Es preferible verle chupar un dedo o un trapo viejo? Los padres no deben dejarse llevar solamente por lo que ellos encuentran más agradable a la vista cuando se trata de elegir lo mejor para el bebé.

Para algunos psicoanalistas, la prohibición del chupete está relacionada con el interés inconsciente de médicos y padres por impedir que el niño obtenga placer en solitario, de forma personal, sin contar con autorización alguna. Lo comparan, por analogía, con la prohibición de la masturbación para así evitar los riesgos que se le atribuían como sordera, impotencia, cansancio, etc. En resumen, se trata de impedir una actividad auto-erótica.

La "mala costumbre"

Decir que chupar es una "mala costumbre" no tiene ningún fundamento científico. Dado que el bebé necesita chupar, lo más lógico y natural sería dejarle satisfacer esta necesidad. Con el tiempo sentirá nuevas necesidades y, de forma progresiva, la de chupar desaparecerá sola.

Siempre que en su entorno se den las condiciones psicológicas adecuadas, que el chupete no sea utilizado por los padres como un simple método para callarlo y que haya intercambios afectivos, el niño acabará por perder su dependencia al chupete sin ninguna dificultad entre el primer y el tercer año de vida. Una forma de ayudarle a olvidarlo puede ser explicarle "Hoy es tu cumpleaños. Ya eres mayor. Cuando uno es tan mayor ya no necesita chupete así que vamos a tirarlo, dárselo a un bebé que lo necesite, etc." Hacerlo partícipe de este modo, en el momento adecuado, facilitará la desaparición de un objeto que, sin duda, le ha dado tanto placer.

Dres. L. Rossant y J. Rossant-Lumbroso

Otros contenidos del dosier: Salud del bebé

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