Displasia de cadera: un problema frecuente en el bebé

¿Cómo detectar rápidamente estas disfunciones y cómo tratarlas? Las respuestas nos las ofrece el Prof. Raphaël Vialle, Jefe del Departamento de Cirugía Ortopédica y Reparadora Infantil del Hospital Trousseau de París.

La displasia de cadera afecta a 2 de cada 1.000 bebés

Presente desde el nacimiento, la displasia de cadera afecta a dos recién nacidos de cada 1.000. Se trata de un desarrollo anómalo de la cadera durante el crecimiento del feto, que provoca esta inestabilidad y que sólo podrá observarse con una radiografía y una ecografía.
La luxación congénita de la cadera corresponde al estadio más evolucionado de la displasia. En este caso, la cabeza del fémur rondo está suelta del largo, la cruz de la pelvis denominada “cotilo”. Un diagnóstico muy precoz, ya en los primeres meses de vida del bebé, asegura una curación sin secuelas para evitar la aparición, en la edad adulta, de dolores articulares (articulación deformada e inestable), artrosis, cojera, e incluso la necesidad de llevar una prótesis de cadera completa.

Displasia de cadera: ¿cuáles son los factores de riesgo?

La posición del bebé en el útero a menudo es la responsable de la displasia de cadera. Los ortopedistas constatan que los niños que habitualmente presentan esta anomalía son los bebés grandes de más de 4 kg, los gemelos con las caderas replegadas en flexión y los bebés que permanecen mucho rato sentados. “Al nacer, estos bebés requieren una atención especial.Se les realiza una ecografía de forma sistemática”, explica el Prof. Raphaël Vialle, Jefe del Departamento de Cirugía Ortopédica y Reparadora Infantil del Hospital Trousseau de París.

Otros factores de riesgo: los antecedentes familiares. “Cuando el hermano, la hermana, el padre o la madre tienen la cadera luxada, se debe vigilar”, advierte el especialista. Las hijas quedan más expuestas a este riesgo y 6 de cada 10 padecen esta anomalía. “La detección mediante ecografía se limita a los pacientes que presentan estos factores.En caso contrario, no hay motivo para temer la presencia de displasia”, afirma Raphaël Vialle.

Un diagnóstico a veces tardío

Así pues, los padres de Juana no tenían nada de que temer. Y sin embargo…. “Ni uno ni otro teníamos antecedentes familiares, por lo que no había ningún temor especial”, explica Julia. Fue en una radiografía de precaución, aconsejada por el pediatra durante la revisión de los 5 meses, donde se detectó la luxación de las dos caderas del bebé. “Su hija corre el riesgo de padecer cojera”, dijo la radióloga. “En la exploración obligatoria que le hicieron al nacer no se había detectado nada anómalo”, se extraña Julia.

Desafortunadamente, lo que le sucedió a Juana no es un caso aislado. Un gran número de padres siguen descubriendo tardíamente el problema, especialmente cuando los niños aprenden a caminar, y se sorprenden cuando ven que cojean. “El riesgo cero no existe”, reconoce el Prof. Vialle. El pediatra del hospital puede pasarlo por alto.No resulta evidente, ya que el niño no siempre está relajado.En el Hospital Trousseau a menudo recibimos niños derivados de pediatras que tienen dudas. Nos dejamos engañar cuando no hay factores de riesgo y no se repiten las exploraciones durante las revisiones de los primeros meses”.Su recomendación:“Debemos aprovechar cada oportunidad para examinar las caderas de nuestro hijo”.

Exploraciones obligatorias desde el nacimiento

En el momento del nacimiento es obligatorio comprobar si existe displasia de cadera. Por tanto, la comadrona y el pediatra examinan las caderas del bebé, especialmente mediante las maniobras de Barlow, que son la forma más fiable de identificar la inestabilidad.

Habitualmente, los médicos constatan signos que indican que los pliegues sobre los glúteos no son simétricos, una diferencia en el largo de los muslos cuando se acercan, una desviación no simétrica con una reducción del movimiento sobre el lado del cuerpo con la dislocación, una pierna más corta en el costado de la luxación de la cadera...

Los especialistas reconocen que algunos de los casos más benignos no pueden detectarse con una exploración física. Así pues, la ecografía permite precisar el diagnóstico si existe la duda. Con una ecografía al mes o mes y medio, “en principio no se pasará por alto el problema”, asegura el Prof. Vialle.

El tratamiento precoz resulta determinante para prevenir las secuelas

“En la mayoría de los casos, el tratamiento precoz, que debe practicarse desde el momento del diagnóstico en los primeros días de vida del niño, permite una curación sin secuelas de la luxación”, afirma el especialista. Lo urgente radica en conseguir que las caderas del bebé permanezcan lo suficientemente separadas. Los tratamientos varían en función de la gravedad del caso y de la edad del niño. En los más leves se recomienda un tratamiento postural como por ejemplo llevar al bebé a horcajadas y que duerman boca arriba con las piernas abiertas para intentar que el hueso vuelva a colocarse naturalmente en su sitio. En la medida en que la enfermedad se agrava se suelen utilizar determinados tipos de prótesis blandas o más rígidas.

“Si el diagnóstico es más tardío, entre la 3ª y la 6ª semana, el riesgo consiste en constatar una rigidez de la articulación, y será necesario que lleve un arnés de Pavlick las 24 h del día”, indica Raphaël Vialle. Este arnés consiste en unas correas que mantienen las caderas en flexión de cien grados para reducir la luxación; es un tratamiento más pesado, “que puede prolongarse hasta los 4 meses de edad como mínimo”, precisa el médico.

En el caso de Juana, ella tuvo que llevar una férula en forma de boomerang (férula del Dr. Petit) dos semanas después del diagnóstico.  Colocada por un ortopedista, la acompañaba 22 horas al día, a ella y a su familia. “Ya no entraba en el cochecillo, la silla del coche, su mono de nieve, su saco de dormir…El día a día se convirtió en un calvario.Esta férula era horrible, una máquina de otro tiempo”, recuerda Julia. Tres meses después, la pequeña se recuperó, sus caderas volvieron a su eje normal y la próxima revisión tendrá lugar tras sus primeros pasos.

Ante la ausencia de un diagnóstico lo suficiente precoz, si la cadera se mantiene demasiado rígida en una posición anómala, entonces es necesario hospitalizar al niño. Objetivo: inmovilizar su(s) cadera(s) durante 3 meses. “Los 15 primeros días, se cuelgan pesos del extremo de las piernas para estirar de los fémures y ablandar progresivamente la cadera, luego se pondrá una escayola con anestesia general”, describe el ortopedista. Una vez de vuelva a casa, el niño tendrá que llevar férulas de abducción (férulas del Dr. Petit) para mantener las caderas estables durante diversas semanas. Y en estas formas de luxación tratadas con retraso, puede que se produzcan problemas de crecimiento óseo, previene el ortopedista. “A partir de los 2 o 3 años de edad, se practica una intervención quirúrgica de corrección de los posibles “defectos” óseos del fémur y/o de la pelvis.”

Solo los niños que sean diagnosticados verdaderamente tardes necesitarán cirugía. “Generalmente, a los 9-12 meses, si resulta imposible reducir la cadera con los medios antes mencionados (ejercicios, arnés, tracción y férulas)”, afirma el especialista. A la edad adulta, el niño que no sea tratado corre el riesgo de cojear, padecer dolores articulares (articulación deformada e inestable) o artrosis antes de llegar a los 30 años. En muchos casos los médicos se ven obligados a operar para colocar una prótesis total de cadera.

I. Frenay

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