Espasmo del sollozo. Si eres mamá, ¡no te inquietes!

Aunque impresionantes, estos espasmos no revisten gravedad, y la mejor manera de actuar cuando acontecen es mantenerse tranquilo, sin intervenir. Pero sobre todo “hay que desdramatizar”, según nos cuenta el pediatra francés Antoine Bourrillon, del Hospital Robert Debré, de París.

¿Cómo reconocer un espasmo del sollozo?

En dos tercios de los casos, el niño se vuelve azul, puede perder levemente la consciencia, se convulsiona y los ojos se le quedan en blanco. Pero rápidamente recobra el conocimiento y el color de piel normal. En ningún caso se trata de un ataque epiléptico.

Otras veces, bajo el efecto de la emoción, el niño empalidece y su ritmo cardiaco se ralentiza. Pero ninguna de las manifestaciones que producen estos espasmos deja secuelas en el organismo. Los niños afectados por el espasmo del sollozo son aquellos cuyo nervio neumogástrico –también llamado nervio vago– se estimula de manera demasiado fuerte y anormal.

¿Qué actitud adoptar ante un espasmo del sollozo?

Durante una crisis, recomiendo, en un primer momento, dejar llorar al niño, para después acercarse a él, mimarlo y tranquilizarlo. Si las crisis de repiten, entonces lo mejor es habituarse a ellas y prestarles la menor atención posible. Lo cual es más fácil de decir que de hacer…

La primera vez que vemos al niño en el suelo, quieto, azul y rígido, es difícil no preocuparse. Sin embargo, no hay nada que se pueda hacer. No se le debe dar un masaje cardiaco ni hacerle el boca a boca. Tampoco sirve de nada ponerle un paño de agua fría o darle golpecitos en las mejillas. Lo importante es saber que el niño no se va a morir y que enseguida vendrá en sí. Los padres no deben sentirse culpables.

De manera general, los tratamientos son innecesarios. Pero si las crisis son anormalmente frecuentes y severas en intensidad, y si se acompañan de convulsiones, entonces es recomendable acudir al médico para que éste realice un electrocardiograma que descarte la existencia de una anomalía cardiaca.

No modificar las reglas educativas ante un espasmo del sollozo

El ambiente emocional es primordial en el desencadenamiento de estas crisis. “El niño no tiene estos accesos a propósito, pero cuanto más se centren los padres en ellos, cuanto más importancia les den, –angustiándose, principalmente– , más se repetirán los espasmos”, explica Bourrillon.

Finalmente, es la emoción del niño o de los padres frente a su hijo lo que determina el espasmo. “Un bebé es muy sensible a las emociones pero no hay espacio para pensar que manipule a sus padres mediante estas reacciones. Después de todo, un bebé es un bebé, y atribuirle este tipo de comportamiento es darle poder”, relativiza el psiquiatra infantil Stéphane Barbas, del Centre-Médico-Psychologique pour enfants d’Achères, en Francia. “Los padres deben mantener una actitud tranquila y serena y, sobre todo, no modificar las reglas educativas ni eliminar los castigos por miedo a que las crisis se repitan”.

Isabelle Frenay

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