El niño de 1 a 3 años y el hospital

La separación

La separación que impone una hospitalización amplifica las reacciones de «miedo a los desconocidos», especialmente intensas a partir del 8.º mes de vida. Estas reacciones suelen manifestarse en tres fases sucesivas.
En primer lugar, el niño protesta, llora, se agita: intenta encontrar a su madre. Luego, se desespera: está desamparado porque cree que su madre ha desaparecido.
Finalmente, se resigna: parece acomodarse a la separación y acepta los cuidados de cualquier persona, con desapego o indiferencia. Para evitar este proceso, es fundamental preparar al niño para la separación (véase recuadro).

El regreso a casa

Cuando se vuelve a llevar al niño a casa tras una estancia en el hospital, no hay que sorprenderse si vuelve la cabeza, parece desconfiar de sus padres, llora con facilidad y tiene dificultades para comer. Puede suceder también que se despierte a las horas en que la enfermera de noche le ponía una inyección o le tomaba la temperatura. Otros niños, en cambio, se aferran a su madre o se refugian en el sueño. Cada niño reacciona de forma distinta, pero son muy pocos los que no expresan, de un modo o de otro, la emoción que les ha causado la separación. Tendrán que ayudar al niño a volver a encontrar sus puntos de referencia manteniendo un ambiente de tranquilidad y distensión a su alrededor, y procurando estar presentes y disponibles.
Hablen con él de las dificultades que puede tener para readaptarse. No se debe pensar que no ha pasado nada y, para olvidarlo todo, actuar como si esta experiencia dolorosa no se hubiera producido.

Preparar al niño para una hospitalización

Aunque se trate de un bebé muy pequeño, que todavía no habla, e incluso en los casos urgentes en los que la preparación tiene que ser muy rápida, coja al niño en sus brazos y háblele: intente explicarle los motivos de su hospitalización y las condiciones en que ésta se va a desarrollar; preséntele a los médicos y las enfermeras. Si le van a someter a reconocimientos o a curas dolorosas, no quiera engañarle para intentar atenuar su reacción: se le debe prevenir de lo que le van a hacer, sin mentirle nunca. Incluso para los niños más pequeños, el dolor está relacionado con el miedo, con el temor por un gesto o una cara que parece hostil. Si unas palabras sosegadas, una sonrisa o un gesto cariñoso lo calman, las intervenciones necesarias le resultarán menos traumatizantes. Es muy importante que se quede mucho rato con el niño durante las primeras horas de estancia en el hospital y, con los más pequeños, todo el tiempo que sea necesario. Pida pasar la noche en el hospital. Acuéstelo usted misma y, si todavía es muy pequeño, ayúdelo a encontrar la posición más cómoda.
Si es mayor, descubran juntos este nuevo entorno. Para que se sienta más seguro, se puede recrear a su alrededor un espacio familiar: llevarle los juguetes preferidos, su objeto de seguridad, fotos familiares... Si no puede quedarse a dormir con él, en el momento de la separación se deben evitar los excesos de efusividad, las lágrimas, las grandes despedidas.
Dígale que se marcha, pero que volverá. Si el niño sabe que siempre le dice la verdad, se quedará tranquilo con la seguridad de su afecto y la certeza de su regreso.

Otros contenidos del dosier: Salud del niño de 1 a 3 años

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