Problemas de salud del niño de 1 a 3 años

También se trata de una edad en la que las afecciones derivados de las infecciones (rinofaringitis, bronquitis, etc.) suelen ser más frecuentes y en la que hay que saber a quién acudir en caso de fiebre, tos persistente, problemas digestivos... A partir del año o del año y medio de edad, las dificultades frente a ciertas conductas del niño (trastornos del sueño, problemas concernientes a la alimentación) llevan también a los padres a solicitar el consejo de los especialistas. Las visitas regulares favorecen la detección y el tratamiento precoces de ciertos trastornos en el desarrollo del niño o en sus capacidades sensoriales, auditivas o visuales.
Ciertos trastornos no son perceptibles en el momento del nacimiento y se manifiestan durante los primeros años de vida. Lo más habitual es que se corrijan mucho mejor si se detectan y se tratan precozmente.
El seguimiento pediátrico del desarrollo del niño y los exámenes neurológicos permiten detectar lo antes posible ciertos problemas: trastornos del tono muscular (hipotonía o hipertonía), retraso en adquisiciones motrices tales como la posición sentada, la posición erguida o la marcha, y problemas de atención o retrasos en el lenguaje. Los exámenes especializados sirven de orientación para el diagnóstico y el tratamiento necesario.

Algunos trastornos de la conducta deben llamar la atención e incitar a practicar unas pruebas, en especial de la audición o de la visión, para permitir, cuando sea necesario, la aplicación inmediata de un tratamiento de reeducación o de corrección, que no excluye la intervención quirúrgica.
La audición. Los exámenes que se realizan en los primeros días de vida para estudiar las reacciones globales del bebé frente al ruido permiten a veces detectar una sordera intensa o profunda. Si, más adelante, aparecen signos que hacen dudar de la capacidad auditiva del niño, será necesario llevar a cabo exámenes complementarios.
Un niño demasiado tranquilo, que no presta atención a nada que no esté dentro de su campo de visión, que no se interesa por los juguetes que emiten sonidos o, al contrario, que manipula los objetos de forma muy ruidosa, puede ser un niño que no oye o que oye mal.
Asimismo, conviene asegurarse de que un niño no padece problemas auditivos cuando no emite más que una escasa variedad de sonidos, cada vez menos frecuentes más pobres, cuando no reacciona a las voces ni a las llamadas y cuando no articula ninguna palabra entre los 12 y los 18 meses.
La visión. En ocasiones, se producen anomalías anatómicas de los órganos de la visión observables desde el nacimiento o desde las primeras semanas: ojos dema- siado pequeños (microftalmía), opacidad del cristalino (catarata congénita). Otros problemas visuales se traducirán en trastornos de la conducta: el niño se muestra indiferente a la luz, al entorno, no sonríe, no sigue con la mirada lo que se cruza por su campo visual. O bien sus globos oculares efectúan movimientos desordenados, y las pupilas, movimientos bruscos hacia los lados.
O incluso puede suceder que el niño, indiferente a todo, balancee el cuerpo con movimientos estereotipados.
Durante las primeras semanas de vida, muchos niños bizquean. Si se observa que esta tendencia se prolonga, no debe dudarse en comentarlo con el pediatra y consultar con un oftalmólogo. A partir del primer año de edad, se puede iniciar un tratamiento para estimular el ojo deficiente y evitar la evolución hacia una pérdida de visión unilateral (ambliopía), que podría convertirse en irreversible a partir de los 3 o 4 años.

El niño y su pediatra

Durante los primeros meses, el bebé suele mostrarse muy sonriente con su pediatra. Después del período de las vacunas, a menudo muestra desconfianza. Sin embargo, acaba por familiarizarse con estas visitas y la relación con el médico se vuelve más personal.
Antes de cualquier visita al médico, es conveniente hablar con el niño y explicarle por qué se le lleva y qué le van a hacer. La relación entre el niño y el médico pasa por los padres (son ellos los que llevan al niño, describen los síntomas, etc.) pero no se debe olvidar que el niño, desde muy pequeño, es capaz de expresarse con los medios al alcance de su edad:
balbuceos o, más adelante, inicio del lenguaje, sonrisas, llantos, gestos o, al contrario, apatía y tristeza.

Otros contenidos del dosier: Salud del niño de 1 a 3 años

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