Hormonas y sexualidad pasados los cincuenta

En realidad, el contexto varía un poco en función del sexo

Sexualidad femenina: una mezcla de diversos factores

Para la mujer, el cese de la actividad ovárica que tiene lugar alrededor de los cincuenta define la aparición de la menopausia e implica una bajada repentina de los índices de estrógenos y progesterona.

Algunos estudios, como el realizado por L. Dennerstein y sus colaboradores (1), señalaron que la menopausia contribuye por sí misma a perturbar la sexualidad femenina. Un estudio nacional americano (2) realizado con 1.749 mujeres de edades comprendidas entre 18 y 59 años da a entender que una mujer de cada cuatro no tiene orgasmos una vez alcanzada la menopausia. Por el contrario, otras investigaciones no hacen referencia este aspecto. Aun así, es evidente que la disminución de los índices de estrógenos conlleva en alrededor un 20% de mujeres la aparición de una sequedad vaginal que dificulta las relaciones sexuales.

Un seguimiento realizado durante 8 años a 438 mujeres de Melbourne de entre 45 y 55 años demostró que el envejecimiento se asocia estadísticamente a una disminución de la actividad sexual, de la receptividad sexual y del deseo (3).

A pesar de todo, muchos otros parámetros influyen en la sexualidad en este periodo decisivo de la vida de la mujer como factores personales de orden psicológico, la calidad de la relación de pareja, la existencia de enfermedades asociadas y los datos sociológicos.

Por otra parte, la pérdida de deseo no es una constante, pues determinadas mujeres gozan de una vida sexual más satisfactoria pasados los 50, una vez descartada la posibilidad de un embarazo no deseado. El estudio del Dr. Christiane Delbes, del Instituto francés de Estudios Demográficos, ha revelado que las mujeres francesas de más de 50 años opinan de manera muy diferente a sus madres. Así lo demuestra la proporción de mujeres de más de 50 años que en 1992 se declaraban tres veces más satisfechas de su vida sexual que sus semejantes en 1970.

Los hombres no salen mejor parados

En el caso del hombre, donde la realidad de la andropausia se discute, la situación puede ser todavía más compleja y, en todo caso, muy variable de un individuo a otro. Algunos hombres presentan un déficit de la hormona masculina, la testosterona, a partir de los 50, que podría contribuir a la aparición de dificultades en la erección.

Sin embargo, su número es limitado. Asimismo, el aumento del riesgo de impotencia a medida que el hombre avanza en edad (como mínimo el 5% a los 40 y entre el 15 y el 25% pasados los 65) puede explicarse por muchos otros factores como anomalías vasculares, diabetes, tabaquismo, etc. En otras circunstancias, la impotencia puede ser causada por determinados medicamentos (antidepresivos, antihipertensivos…).

Múltiples soluciones para el hombre

Tanto el hombre como la mujer pueden optar por tratamientos hormonales. Llegado el momento, la elección del tratamiento no se basará únicamente en la existencia de trastornos sexuales sino que se tendrán en cuenta igualmente los problemas médicos asociados.

De este modo, un hombre que sufra de impotencia asociada a una desmineralización ósea, a una pérdida de masa muscular o a un cansancio excesivo puede ser víctima de un déficit de testosterona y, por lo tanto, el andrólogo podrá prescribirle dicha hormona. En ese caso, el tratamiento podrá administrarse en forma de parches, de crema, de implantes o, de manera más frecuente en España, de inyecciones.

Sin embargo, en muchos otros casos, el tratamiento de los trastornos sexuales masculinos pasada una cierta edad no es hormonal sino que se basa principalmente en terapias que modifican la vascularización como los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 (PDE 5).

Pocos recursos para la mujer

A pesar del entusiasmo de los industriales, la píldora del deseo femenino tarda en llegar. Después de numerosas promesas, el parche de testosterona ha sido finalmente descartado por las autoridades sanitarias americanas. Las demás moléculas en preparación deberían tardar todavía algunos años antes de llegar al mercado. Además, el papel de los andrógenos (la testosterona, el sulfato de DHEA o la dehidroespiandrosterona) sobre la libido femenina es todavía objeto de debate, excepto en los casos de mujeres a las que se les haya extirpado el útero o los ovarios. En cualquier caso, su utilización deberá ser controlada de cerca ya que dichas hormonas pueden causar un aumento de peso y un crecimiento de la pilosidad.

Según las últimas recomendaciones de la Agencia francesa de seguridad sanitaria de los productos de salud (Afssaps), el tratamiento hormonal sustitutivo de la menopausia no debe ser propuesto a las mujeres cuya única indicación sea a causa de trastornos sexuales. Actualmente, se recomienda solamente en caso de trastornos discapacitantes del climaterio y debe prescribirse a la dosis mínima eficaz para la duración más corta posible. En caso de problemas de sequedad vaginal, podrán utilizarse lubrificantes no grasos.

Dra. Corinne Tutin y David Bême

1 - J. Psychosom. Obstet Gynaecol., 1994 ; 15 : 59-66
2 - JAMA ; 1999 ; 281 : 537-544
3 - Maturitas, 1997 ; 26 : 83-93

Otros contenidos del dosier: Andropausia

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