La incontinencia urinaria en el día a día

Según los resultados del último meta-análisis, auspiciado por el Observatorio Nacional de la Incontinencia (ONI), en España hay unos 1,4 millones de varones afectados por incontinencia urinaria, es decir, un 7% de la población masculina. A pesar de su frecuencia, son pocos los hombres que acuden a la consulta del médico por asociar la enfermedad al proceso de envejecimiento.

Un problema con mucha repercusión social

“Cuando uno sufre incontinencia sale menos, porque puede tener pérdidas. Lo primero es dejar de ir de vacaciones con amigos, por miedo a mojar las sábanas. En fin, uno se aísla un poco”, admite Daniel, con incontinencia urinaria desde hace cuatro años.

“Cuando lo primero que se hace al llegar a un lugar es ubicar los baños, cuando se debe llevar ropa largar para esconder una pérdida eventual o cuando uno se siente húmedo, la vida se vuelve menos fácil…Lo peor son las noches, despertarse mojado en mitad del sueño. Más incómodo, imposible”, explica Miguel, con incontinencia desde hace dos años.

Trucos “antipérdidas”

La incontinencia urinaria tiene solución. Juan, por ejemplo, utiliza un esfínter artificial externo, que reemplaza al esfínter natural. El implante se coloca en el pene para comprimir y obstruir la uretra hasta que aparezca la necesidad de orinar. Aunque Juan admite que acostumbrarse al aparato lleva un tiempo y que manipularlo comporta algunos riesgos, se considera satisfecho.

Conocidas por todos, las protecciones absorbentes son un tratamiento paliativo muy extendido. Las nuevas han mejorado mucho y absorben cantidades mayores de orina, lo que ofrece una mejor protección. También es posible hacer una reeducación vesical. Pero esa alternativa, que consiste en controlar la eliminación de la orina modificando los hábitos de la vejiga hiperactiva, requiere algunas semanas, o incluso meses, antes de dar resultados. De manera que es fundamental armarse de paciencia. Muy a la moda, la funda representa otra manera de remediar las pérdidas. De hecho, es la solución por la que han optado Daniel y Miguel.

La funda para más autonomía

Autoadhesiva, la funda para el pene tiene la misma forma que un preservativo. Tiene la ventaja de no contener látex, lo que permite evitar los riesgos de alergia, y viene en diferentes tamaños. El principio es simple: la funda está conectada a una pequeña bolsa colocada en la pierna que permite recolectar la orina. Discreto, el aparato se vacía fácilmente. Para Miguel, que tenía la costumbre de utilizar protecciones absorbentes, el cambio ha sido notable: “La funda me ha devuelto la confianza, me ha permitido recobrar la autonomía. La principal ventaja es que he podido volver a dormir bien, algo que no me ofrecían las protecciones absorbentes”.

El mayor inconveniente es que hay que llevar pantalón largo para camuflar la bolsa colocada en la pierna, pero Daniel asegura que esa desventaja “es mínima en relación a los muchos beneficios que otorga la funda”.

C. Junguenet

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