Vigila tus testículos

De todas formas, no nos adelantemos ni dramaticemos en exceso. No todo es debido a un tumor cuando notamos molestias en la zona escrotal (o testicular).
Hoy vamos a repasar todas aquellas entidades que pueden generarnos molestias a los hombres en la zona que ocupa nuestros testículos.
O, si no todas, las que más frecuentemente vemos en los centros de salud.

Dos síndromes, dos grupos de enfermedades

Y dos maneras de abordar las patologías que vamos a explicar. De ahí la importancia de esta división, que nos permite, ante todo, saber si estamos ante algo que requiere un control urgente por nuestro médico, o podemos esperar unos días a contactar con él.

Así, hablamos de Síndrome escrotal agudo y de Síndrome escrotal crónico. Vamos a conocer cada uno de ellos un poco mejor.

Síndrome escrotal agudo

Este síndrome requiere atención urgente por parte de un equipo médico. En alguno de los casos, como veremos a continuación, incluso la entrada urgente (en menos de 6 horas) en un quirófano hospitalario. 

Si observamos este síndrome, hemos de pensar en 3 posibles patologías: la torsión aguda del cordón espermático, la torsión de un apéndice testicular (o hidátide), o bien, una orquiepididimitis. La edad del doliente, como veremos a continuación, también puede ayudarnos a diagnosticar qué le sucede a la persona que tenemos delante.

En común, las tres entidades que confluyen en este grupo, presentan dolor más o menos intenso (en el caso de la torsión del cordón espermático, el dolor es muy intenso, y de aparición brusca, en poco tiempo); en los tres casos, la mitad testicular afectada está agrandada, hinchada e inflamada.
De hecho, tanto la aparición de dolor, como la presencia de una inflamación unilateral de aparición más o menos súbita (no de semanas de evolución, por ejemplo), permiten diferenciar el síndrome escrotal agudo del crónico, que veremos después.

Pero las tres entidades referidas presentan sus propias características distintivas. Las explicamos a continuación:

  • Torsión del cordón espermático: lo que aquí sucede es que por el interior de dicho cordón discurren las arterias y vasos que llevan la irrigación hacia el testículo. Su torsión, por tanto, actúa como elemento “estrangulador”, que impide la llegada de riego sanguíneo y nutrientes. De ahí la necesidad de una intervención quirúrgica rápida (antes de las primeras 6 horas desde la aparición de los síntomas) de cara a evitar que el tejido testicular se infarte por ausencia de riego. La torsión del cordón espermático, además del citado dolor intenso y de aparición brusca, suele generar náuseas o vómitos. Y raramente suele dar lugar a fiebre o a molestias urinarias. Es un cuadro, además, propio de niños (recién nacidos, incluso) y adolescentes (en especial, entre los 11 y los 20 años de edad).
  • La torsión del apéndice testicular o hidátide es más propia de los pequeños de la casa. El dolor no suele ser tan intenso como en el caso anterior, y suele presentarse de forma algo más progresiva. Tampoco son propios de esta entidad ni la fiebre ni las molestias urinarias.
  • La orquiepididimitis: suele tratarse de una infección de glándula testicular y de epidídimo (estructura anatómica situada a modo de “sombrero” sobre la propia glándula testicular). Pero el origen suele variar en función de la edad del paciente. Existe un consenso por el cual se asume que, en toda persona que presente este cuadro, y que sea menor de 35 años, la causa más probable es una enfermedad de transmisión sexual (gonococia, Chlamydia…); mientras que entre los mayores de 35 años, el origen suele ser similar al de las infecciones urinarias comunes (bacterias localizadas en el tracto digestivo, generalmente). Como características distintivas, la orquiepididimitis suele acompañarse de molestias urinarias, y no es rara la presencia de fiebre.

Tres maniobras diferentes para una confirmación diagnóstica

En determinados casos, sin embargo, no acabamos de tener claro lo que le sucede al paciente.
Y para estas situaciones, disponemos de tres maniobras, muy sencillas de realizar, y que nos pueden sacar de algún aprieto ante un síndrome escrotal agudo. Estas tres maniobras son:

  • La valoración de la presencia/ausencia del reflejo cremastérico, por el cual, al estimular, rascar o presionar la zona interna de un muslo, el testículo del mismo lado se eleva por la acción del músculo cremastérico. Está presente (que es lo normal) en la Orquiepididimitis y en la Torsión de Apéndices testiculares; pero está AUSENTE en la Torsión del cordón espermático.
  • El denominado Signo de Prehn, que consiste en coger el testículo afectado y elevarlo acercándolo a la zona donde confluyen el muslo y el abdomen bajo (región inguinal). Las molestias (sobre todo el dolor) mejoran en el caso de una Orquiepididimitis o de una Torsión de Apéndices testiculares; pero emperoran claramente en el caso de la Torsión del cordón espermático.
  • El Signo de Gouverneur, que consiste en que el testículo afectado queda elevado, y colocado en posición horizontal. Este signo, ausente tanto en la Orquiepididimitis como en la torsión de apéndices testiculares, es típico de la Torsión del cordón espermático.

De los tres cuadros referidos, y únicamente si el estado general de la persona lo permite (es decir, si aparte del dolor, la persona se encuentra bien), sólo la orquiepididimitis puede ser tratada a nivel de un Centro de Atención Primaria.
En el resto de los casos, en especial si sospechamos una Torsión del Cordón Espermático, no debemos demorarnos en acudir al hospital más cercano.

Síndrome escrotal crónico

En este síndrome (conjunto de síntomas), en lugar del dolor, que suele estar ausente, destaca la presencia de una masa, algo que palpamos y que hace un tiempo no estaba ahí.
Los testículos afectados pueden estar agrandados (en especial, como veremos a continuación, en el caso del hidrocele y del varicocele); pero el aumento de tamaño no ha aparecido de la noche a la mañana, sino que ha tenido su evolución durante algunas semanas. 

Y, como sucede ante la aparición de una masa en cualquier zona del organismo, lo más importante es saber si esa masa es benigna, o su comportamiento será tumoral maligno. En especial, entre los adultos jóvenes (20-35 años), entre los que el tumor testicular (sobre todo, los germinales, y entre ellos, el seminoma y el teratoma) es el tipo de tumor más frecuente.
El problema es que no suelen dar molestias (suelen permanecer indoloros). Y lo único que notará quien lo padezca es una masa dura, que no duele al palparla, y que está enganchada a los tejidos profundos.

Entre los factores de riesgo de padecer un cáncer testicular, destacan los siguientes: haber presentado una criptoorquídea (es decir, que el testículo haya permanecido en la cavidad abdominal más tiempo del normal, y no haya descendido a la bolsa escrotal (localización normal) hasta más allá del nacimiento del bebé).
Ése es, quizás, el factor de riesgo más claramente asociado, y el que hace que los pediatras palpen las bolsas escrotales en los bebés recién nacidos.
Los otros factores de riesgo estudiados y constatados son: tener algún hermano que haya padecido un cáncer testicular previamente o haber tenido un cáncer testicular en uno de los dos testículos, que también predispone a padecerlo en el otro. La raza blanca también está más afectada que el resto de razas. Y el tabaquismo parece que también tiene una relación causa-efecto con el cáncer testicular. 

Afortunadamente, la causa tumoral no es la más frecuente. Así, ante la presencia de una masa en uno de nuestros testículos, las entidades que pueden estar detrás, además de los citados tumores testiculares, son:

  • El Hidrocele: se trata de una acumulación de líquido entre las capas parietal y visceral de la túnica serosa que rodea al testículo. No suele dar molestias, salvo que su tamaño dificulte las actividades diarias de quien lo padece.
  • El Espermatocele: localizado en la cabeza del epidídimo (que ocupa la parte superior del testículo). Su contenido suelen ser espermatozoides. Igual que en el caso anterior, no suelen dar problemas, salvo que su tamaño nos contradiga.
  • El Varicocele: se trata de una dilatación venosa (cual si de una variz de las piernas se tratase), dentro del denominado plexo venoso pampiniforme. No es infrecuente, llegando a afectar casi a uno de cada 10 varones jóvenes. Suelen localizarse en el testículo izquierdo; y si los vemos en el derecho, conviene que nuestro médico lo sepa lo antes posible, pues es preciso realizar algún estudio para descartar alguna entidad más preocupante. Si bien no suelen generar dolor, las personas que lo padecen suelen quejarse de molestias tipo pesadez en la zona, tras haber pasado varias horas de pie.
  • Una hernia inguinoescrotal: suele tratarse, en realidad, de una hernia inguinal, y es más común entre los niños y los jóvenes. La situación a vigilar, en este caso, es que no se estrangule dicha hernia, generando la necesidad quirúrgica inmediata. No es lo más frecuente, por suerte. Así, no suelen dar molestias, salvo, como decíamos, que se estrangule la hernia.

Algunas maniobras nos ayudan a conocer ante qué estamos

En especial, una maniobra denominada transiluminación, y que consiste en colocar el rayo de luz de una linterna por detrás de la zona a explorar (donde se encuentra la masa a estudiar). Es decir, dejando el testículo (y la zona sospechosa del mismo) entre el rayo de luz y nosotros.

Hablamos de transiluminación positiva cuando se “ilumina” la zona estudiada, como si de una lámpara se tratase. Y es negativa, por tanto, cuando no consigue traspasar la luminosidad el tejido testicular.

Entre las lesiones estudiadas, el Hidrocele y el Espermatocele tienen transiluminación positiva; mientras que el Varicocele y el Tumor testicular no permiten ver la luz (transiluminación negativa).

De todas formas, en caso de dudas, la ecografía testicular es la prueba más fiable y utilizada a día de hoy. Incluso aunque no tengamos demasiadas dudas sobre la naturaleza de la masa, no está de más realizarnos esta prueba.

Y, como consejo final, ante la aparición de cualquier bulto en su testículo, no dude en consultar con su médico de confianza.

Fuente:

-4ª Edición, “Guía de Actuación en Atención Primaria”, páginas 717-723. Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC).

Otros contenidos del dosier: Patología genital masculina

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