Adicción, seducción, violencia sexual: diferencias

¿Qué es la adicción sexual?

"Se habla mucho de adicción sexual, que es, sin embargo, un concepto bastante indefinido", explica Serge Hefez. "Lo que la diferencia de la adicción al tabaco, al alcohol, a los videojuegos o al casino… es que todas estas adicciones pueden cuantificarse: puede decirse que uno es dependiente del alcohol a partir de tal dosis por día, a tantos cigarrillos por semana, a tal cantidad de horas de conexión a Internet… Sin embargo, la sexualidad es algo tan íntimo que nadie tiene ganas de proclamar leyes al respecto para distinguir la buena de la mala".

Entonces, ¿puede decirse que se es adicto si uno tiene 3 o 4 relaciones sexuales al día o no?

"Cada uno sabe en función de su libertad y de la libertad de sus relaciones con el otro", puntualiza el especialista. "A partir del momento en que la relación sexual no es forzada, estamos en el campo de la vida privada. Yo, que recibo muchas parejas, veo algunas en las que la mujer se queja de que su cónyuge tiene ganas dos veces por día: «Está loco, es una patología sexual». Y tres horas más tarde, voy a recibir a otra pareja en que la mujer me va a decir: «Ah, si solo pudiera tener dos relaciones sexuales al día conmigo, ¡sería tan feliz!». Estamos, pues, en el campo de la libertad de cada uno".

¿Cómo definir entonces la adicción sexual?

"En lo que respecta a la adicción, es la propia persona la que debe identificar un sufrimiento al sentir que algo la fuerza a hacer lo que hace. Es lo que define la adicción propiamente hablando, es decir, la esclavitud".

"Y si alguien se siente como empujado por una fuerza que no le pertenece, estamos efectivamente en el campo de la adicción. Es alguien que dirá: «Es más fuerte que yo, paso cinco horas al día en Internet mirando películas porno» o «Me paso la vida buscando gente con quien tener sexo y ya no puedo más, quiero curarme de esto». En ese caso, estamos en el campo de la adicción", explica Hefez.

¿En qué se diferencia esta noción de la de seducción o seducción compulsiva?

"Es diferente. Por un lado, en el campo de la seducción propiamente hablando, porque los seductores buscan ante todo ser elegidos, reconocidos por el otro: seducir y que el otro caiga en sus redes amorosas. Lo más importante es que su narcisismo hace que necesiten ser amados y tener pruebas de este amor, en definitiva, con o sin sexualidad. La sexualidad puede venir luego pero no es el centro de las cosas; lo principal es esta necesidad casi patológica de seducir a un máximo de personas para poder elevar la imagen que tienen de sí mismos".

¿Seducción compulsiva o adicción pueden llevar a conductas violentas?

"La violencia sexual, la violación, pertenecen a un registro que no tiene nada que ver", puntualiza el psiquiatra. "Las personas muy interesadas por la sexualidad jamás pasan al acto en el plano de la violación o de la violencia. Hay entonces una frontera nada fácil de descubrir entre alguien que sería muy insistente, muy lanzado, un poco pesado, un poco brutal en su forma de buscar pareja pero que reconocerá siempre la frontera que no puede franquear entre la libertad del otro y el hecho de forzarla".

"Los hombres, pues se trata siempre de hombres, que pasan a la violencia o a la violación, son más bien hombres que no son seguros de sí mismos, que se odian y que odian a los demás, hombres que van a cosificar totalmente al otro en su relación", asegura Hefez. "Se trata de hombres que desprecian totalmente a las mujeres y que tienen un cierto número de cuentas pendientes con ellas. No es en absoluto el mismo perfil psicológico".

K. Lubasch y F. Lemaire

Otros contenidos del dosier: Atracción sexual

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