Casanova, defensor de un erotismo libre y generoso

¿Por qué ha generado siempre tanto desprecio la figura de Casanova?

Casanova tuvo el talento de vivir dos veces: primero vivió, muy intensamente, su propia existencia; después, como escritor de la obra de 3700 páginas titulada “Historia de mi vida”, logró forjar el mito de sí mismo, el del eterno amante. Pero murió diez años después de la Revolución Francesa. A los ojos de los románticos, que son quienes primero lo leyeron, pertenecía al Antiguo Régimen y era un viejo que hacía alarde de sus conquistas y que representaba el espíritu de libertad y felicidad típicos del siglo XVIII que tanto odiaban. El amor romántico asociaba el amor al desgarro, al sufrimiento, a la muerte y al desamor. En cambio, Casanova tenía una visión alegre, ligera y recíproca del amor. No le comprendieron.

Disponible y generoso, Casanova sólo experimentaba la voluptuosidad a través del amor compartido. ¿Cómo era la relación que establecía con las mujeres?

Casanova amaba gustar a las mujeres y sentirse amado por ellas. Nada le horrorizaba más que ser rechazado. Deseaba un intercambio verdadero. Apreciaba a la mujer por su inteligencia, su independencia o la vivacidad de su conversación. Buscaba una compañera, no una víctima. Conoció a actrices y artistas que, como él, viajaban por Europa y con quienes volvió a encontrarse a lo largo de los años.

¿Qué relación establecía con el placer y la sexualidad?

Para él, la felicidad se vivía en la tierra y no en el más allá. El amor sexual no era un pecado, sino un placer que se compartía, que se daba y recibía de manera mutua y consentida. El goce debía ser recíproco y alegre. La voluptuosidad era una fiesta para los sentidos, como el placer que otorga una conversación o una buena comida.

¿Cuál era su visión del amor? Para él, ¿era posible conciliar amor y libertad?

Casanova no era un marido. Amó apasionadamente, sobre todo a Henrietta, una joven noble francesa que le dejó tras cuatro meses para dedicarse a sus deberes familiares. Él la lloró durante mucho tiempo y lo volvió a hacer al escribir sus memorias al final de su vida… También quiso mucho a Manon Balletti, una actriz italiana que vivía en París y con quien estaba comprometido. Pero ella rompió el compromiso para casarse con un arquitecto de la corte del rey. Casanova se quedó muy triste pero a la vez sentía que no podía renunciar a su libertad convirtiéndose en esposo. El escritor creía en el amor fuera de las reglas sociales. Pero siempre buscaba que las separaciones se hicieran con dulzura y buscaba resguardar a sus amores de las dificultades de la vida.

Revolución sexual, emancipación de la mujer, Internet… ¿Quiénes son hoy los nuevos “casanovas”?

¿Existen en el siglo XXI los “casanovas”? No estoy segura, pero ¿quién sabe? Necesitarían mucha disponibilidad, generosidad, talento, capacidad de soñar y de estar a la altura de los sueños… Y tiempo después pensar como Casanova el escritor, que más allá del placer tuvo la alegría de la memoria.

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: Del deseo al acto sexual

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