Erotismo y filosofía. Entrevista a André Comte-Sponville

¿Por qué el tema de la sexualidad?

"Porque el amor y el sexo son los temas más bonitos, los más problemáticos, ¡y los más fascinantes! Observé que existía un silencio relativo en torno a este tema en la filosofía y yo tenía tantas ganas de hablar de sexualidad... Desde luego, algunos filósofos han hablado sobre ella como Montaigne, Schopenhauer, Feuerbach, Nietzsche, Kant, Sartre, Bataille… Yo me baso en ellos. Sin embargo, me sorprendieron las reticencias de la mayoría. Decidí llevar más allá mi reflexión cuando un grupo de sexólogos me invitaron a participar en el Congreso de la Sociedad Francesa de Sexología Clínica", explica

Usted insiste en la sexualidad como una noción diferente a la reproducción en beneficio del disfrute y el erotismo. ¿Puede contarnos más sobre estas diferencias?

André Comte-Sponville: Por una parte, es cierto que la función sexual y la función reproductiva están relacionadas, ya que se realizan mediante los mismos órganos; sin embargo, al mismo tiempo son dos cosas diferentes ya que se puede hacer el amor sin que la mujer se quede embarazada… Los avances de la ciencia hacen que sea cada vez más fácil. Pero ya mucho antes de la anticoncepción, en el corazón del erotismo figuraban numerosas prácticas sexuales, claramente no reproductivas, como el coitus interrumptus, la felación, la masturbación recíproca, la sodomía… que los seres humanos descubrieron para disfrutar, independientemente de cualquier idea de reproducción.

Entonces, ¿el hombre es un animal erótico?

"Disfrutar del cuerpo del otro nunca es algo inocente y, desde este punto de vista, me parece que hemos pasado, a lo largo de los siglos y las décadas, de un error a otro. El primer error duró más de 20 siglos de Occidente cristiano y consistía en pensar que el sexo estaba “mal”, que era, de alguna manera, obra del diablo; así que se asimiló como un pecado. En los textos de San Agustín podemos encontrar esta noción. Esta demonización de la sexualidad era un error que, afortunadamente, hemos superado. Y, sin embargo, me parece que ha sido para caer en otro: ¡hemos pasado de la demonización a la banalización! A partir de los años 60 del siglo XX, son muchos los que, renunciando a toda idea de culpabilidad, quisieron ver la sexualidad tan sólo como un pasatiempo inocente y anodino como tantos otros, del que obtenían placer, como si hacer el amor fuera lo mismo que beber un vaso de agua o de vino… ¡Increíble! La singularidad del deseo sexual es que produce en nosotros una turbación especial, dado que parece enfrentarse constantemente  a una especie de ola prohibida. Incluso los pueblos que viven desnudos se esconden para hacer el amor", explica nuestro especialista en filosofía.

"Creo que persiste una especie de tensión entre la moral, por una parte, y la sexualidad por otra, y que esta es la razón por la que existe el erotismo. Como señala Bataille, el erotismo no existe si no existe una transgresión: por eso los animales no tienen erotismo. Sólo hay transgresión si hay prohibición y sólo hay prohibición si hay moral. Los seres humanos somos los únicos animales morales, y, por tanto, los únicos capaces de percibir la transgresión; por eso los seres humanos somos eróticos. Disfrutar del cuerpo del otro, nunca no es inocente ni anodino. ¡Por eso es tan bueno!"

Usted señala que la sexualidad está relacionada con nuestras pulsiones y nuestros instintos. ¿Cuál es la diferencia?

"En los dos casos, se trata de tendencias comportamentales innatas. La diferencia es que el instinto incluye su propio manual de instrucciones: un instinto, es una capacidad que se transmite genéticamente. Por ejemplo, las arañas saben tejer su tela y los pájaros hacer su nido sin que nadie les enseñe. Por el contrario, los hombres y las mujeres no saben hacer el amor. Nosotros no poseemos ningún conocimiento transmitido genéticamente. Es la razón por la que, de niños, tenemos tanta curiosidad sobre “cómo se hacen los bebés”. Este conocimiento no se transmite por los genes, es un conocimiento que se adquiere. Dicho de otro modo: ¡hay que aprender! Por eso la sexualidad es una pulsión y no un instinto. Los seres humanos tenemos una tendencia comportamental innata, la de hacer el amor, pero no sabemos cómo. Esto forma parte de todo este aprendizaje sexual que todos debemos completar".

Y para este aprendizaje, ¿por qué tenemos tanta necesidad de los filósofos?

"En realidad, necesitamos a los filósofos para cualquier tema. La filosofía es pensar nuestra vida y vivir nuestro pensamiento… ¿Quién podría no hacerlo? En este caso, se trata de reflexionar sobre el lugar de la sexualidad en nuestra vida. Por ejemplo, ¿está bien o no hacer el amor sin amor? ¿Está el amor al servicio de la sexualidad? ¿O al contrario? ¿La sexualidad necesita que exista un matrimonio o no? ¿Debe ser exclusiva o no? ¿Qué pone de manifiesto la sexualidad de nuestra parte animal, o según algunos, divina? ¿Qué es el pudor? ¿Qué es la obscenidad? Reflexionar de manera personal y libre me parece importante: ¡eso es hacer filosofía!", reivindica Comte-Sponville.

En esta época de libertad sexual que estamos viviendo, ¿cree que la filosofía podría devolver a la sexualidad su verdadero lugar?

"Haga la prueba. Si teclea “sexo” en Internet, aparecerán cientos de páginas pornográficas. Sin embargo, dan una visión de la sexualidad de una vulgaridad y misoginia extrema, entre violenta y degradante. Es una realidad que no podemos ocultar y que nos da pistas acerca de la sexualidad masculina, ya que el porno está hecho por y para hombres, casi exclusivamente. Esta asociación tan dominante sexualidad/pornografía se traduce igualmente en el hecho de que el sexo sin amor forma parte de las fantasías de muchos hombres y que, a menudo, se rodea de violencia, de desprecio, de una voluntad de reducir al otro (casi siempre la mujer) y de humillarlo… Y es ahí donde la filosofía puede desempeñar su papel y pensar la sexualidad en un marco de libertad, igualdad y reciprocidad. Sin amor y sin moral, la sexualidad se asemeja a la violación o a la prostitución".

Su libro no habla solamente de la sexualidad, sino también del amor. Dice que el sexo es como el sol: el amor va a hacia él y, o se calienta, o se consume.

"El sexo y el amor son dos cosas diferentes que, afortunadamente, podemos disfrutar a la vez, pero también de manera independiente. Podemos tener relaciones sexuales con alguien del que no estamos enamorados o amar a alguien sin tener relaciones sexuales. Pero es precisamente porque el amor y la sexualidad son dos cosas diferentes que el encuentro entre los dos es, sin lugar a dudas, ¡lo mejor que podemos experimentar!", incita el filósofo.

C. Maillard

El sexo y la muerte, tres ensayos sobre el amor y la sexualidad, André Comte-Sponville.

Otros contenidos del dosier: Del deseo al acto sexual

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