¿Por qué nos incomodan algunas fantasías eróticas?

“¡Una fantasía no tiene ni Dios ni ley! Una fantasía transgrede un orden, una moral, una educación… algo cuadriculado y construido”, explica Nathalie Giraud-Desforges, sexoterapeuta. Así pues, una fantasía es, por naturaleza, molesta. Lo que nosotros hagamos al respecto será lo que, al final, decidirá si tiene una influencia positiva o negativa sobre nuestra sexualidad.

La fantasía, un producto de nuestro inconsciente

Nuestra experta recuerda que “fantasía”, proviene del griego “phantasma”, que significa una “alucinación visual”, una especie de “aparición”. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, dio la siguiente explicación: el deseo encuentra su origen y su modelo en la satisfacción, en forma de inversión “alucinatoria”, es decir, un recuerdo de satisfacción.

Así pues, las fantasías están relacionadas con objetos primarios que el deseo no puede dejar de perseguir. No existen fantasías “malas”, ni fantasías que debemos prohibir, porque es la expresión del inconsciente, de un deseo profundo que no siempre se expresa. Su función es, principalmente, darnos información sobre nuestra sexualidad o superar una angustia. La fantasía es un “material”; su uso depende únicamente de nosotros.

¿Por qué las fantasías nos perturban?

“Las fantasías no son fáciles de entender”, se lamenta Nathalie Giraud-Desforges. “Esta producción imaginaria no tiene barreras, ni tabúes, ni prohibiciones y escapa de nuestras partes más críticas”, añade. La transcripción moral y la transcripción lineal que nosotros hacemos es lo que nos genera malestar.

“Me asalta una visión; en ella, un desconocido me ata y me toma por la fuerza. Dejo que me asalte una horda de bárbaros”, confiesa Bárbara, que está casada con un hombre muy tierno y dulce. “Este tipo de fantasías puede significar que está enfadada con su pareja, o que le apetece descontrolarse; pero también se entrevé un gusto por la violencia”, comenta nuestra experta.

La fantasía revela un impulso y muchos de nosotros nos empeñamos en descifrarla; eso sí, con nuestros filtros morales, culturales y educacionales, casi siempre estrictos y reprobadores. Y de ahí puede explicarse nuestra sensación de vergüenza o culpabilidad.

No confundir sueño erótico con fantasía

El malestar, o incomodidad, también puede ser debido a una confusión. Vivimos en una época de gran liberación sexual y, por lo tanto, llevar a cabo nuestras fantasías sexuales suele ser motivo de felicidad… El problema es que, en muchos casos, se ha convertido en una imposición, una imposición que no agrada a todo el mundo. “Se suele confundir la noción de fantasía erótica con la noción de sueño erótico”, señala Nathalie Giraud-Desforges.

  • La fantasía es un producto de nuestro inconsciente que en casi todos los casos esconde una represión y que se expresa de una forma incontrolable.
  • Un sueño erótico, en cambio, es una construcción, un escenario controlado que pone en relieve varios factores eróticos que desencadenan, siempre, una excitación.

Así pues, proponer a nuestra pareja que se ponga un casco de bombero es muy distinto a pedirle que se ponga a trabajar de basurero o que nos someta a humillaciones aún peores. “Así pues, el problema no es la traducción literal de la fantasía, sino la trama inconsciente que, una vez descifrada, te dará elementos concretos para alimentar tu deseo”, concluye nuestra experta.

La confusión del pasar a la acción

“Recuerda que no todas las fantasías tienen que llevarse a cabo, ya que, en ciertas ocasiones, pasar a la acción puede quitarle todo el erotismo”, previene la sexoterapeuta. Introducir un tercero en la pareja puede tener un efecto inverso y abrir puertas que habríamos preferido que se mantuvieran cerradas, sobre todo si los miembros de la pareja no están preparados.

“A veces, el simple hecho de decirlo en voz alta basta”, añade Nathalie Giraud-Desforges. Además, “depende de cada uno, se pueden tener fantasías relacionadas con la zoofilia, por ejemplo, o la necrofilia, que forman parte de la familia de las perversiones”. Cabe recordar que estas prácticas se pueden condenar y penalizar con cárcel y con una multa económica.

Fantasías molestas: ¿cuándo acudir a un profesional?

“Si hay fantasías que nos perturban, debemos intentar hablarlo con alguien para así comprender qué ocurre”, recomienda nuestra experta. ¿Qué sensaciones te provocan? Si nos crean angustia, es mejor consultar con un especialista en lugar de quedarnos con una sensación que consideramos anormal, perversa o infiel. “Como norma general, suelen ser mujeres las que acuden a nuestra consulta”, observa Nathalie Giraud-Desforges. Hacer el amor con otro hombre, que un desconocido te tome por la fuerza, excitarse con otra persona que no es nuestra pareja… son fantasías que, en ocasiones, provocan sentimientos de culpabilidad. “Las mujeres sienten que son infieles, como si no pudieran tener su jardín secreto y la pareja le exigiera una transparencia total en el plano sexual”, explica la sexoterapeuta. Los hombres suelen acudir a la consulta porque tienen fantasías homosexuales; suelen esconder un miedo, pero no propio, sino el de la pareja, que teme que su marido la deje por otro hombre.

La especialista quiere recordar cuál es la función principal de la fantasía: producir una excitación y desenmascarar una apetencia sin juzgarla. Durante la sesión, también se explican las necesidades que expresa esa fantasía y lo que se puede intuir sobre la pareja y su sexualidad. 

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: Fantasías y sueños eróticos

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