Ver porno en pareja: ¿la solución para aumentar el deseo?

«El porno es uno de los soportes de desarrollo de nuestro imaginario sexual. Hasta hace poco, eran casi únicamente los hombres los que accedían a él para excitarse y masturbarse. En la actualidad, el porno va entrando en el terreno de la pareja», observa Nathalie Giraud-Desforges, nuestra sexoterapeuta.

De la soledad a la pareja

Una película pornográfica es algo más que una película erótica. Sus escenas de sexo explícito tienen como finalidad general la masturbación. Es decir, se ven en solitario. Al principio destinadas a hombres, las costumbres van cambiando: en los últimos años, cada vez más mujeres admiten haber visto al menos una película porno. Asimismo, muchas de ellas reconocen haber visto porno con su pareja.

Este paso del porno consumido en soledad y en secreto al porno a dúo acciona resortes por lo general inconscientes. «Esta actividad estimula al mismo tiempo nuestra faceta de voyeur y el censor que observa el mundo desde una perspectiva moral», señala la sexoterapeuta. Esta doble posición de voyeur/censor representa un cóctel que despertará nuestra excitación o bien nuestra repulsión, según la experiencia de cada uno.

Diferentes implicaciones según la relación de pareja

Las implicaciones que rodean una sesión de porno entre dos dependen de la relación de pareja. Para una pareja joven que está explorando su sexualidad, constituye una especie de prueba. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en la intimidad? ¿Qué nivel de confianza existe entre nosotros? ¿Sabemos establecer límites?

En cambio, en una pareja asentada desde hace años, se trata de una propuesta que altera los códigos establecidos, pero puede revelarse beneficiosa: «Puede reestimular la creatividad sexual de la pareja y contrarrestar así el efecto Coolidge», es decir, el desinterés sexual inducido por el paso de los años, explica Gireaud-Desforges.

Una oportunidad para dialogar

Independientemente del tipo de relación que mantengamos con nuestra pareja, ver porno juntos puede ser un experimento como cualquier otro. «Representa una oportunidad para dialogar y descubrir un área hasta entonces desconocida del jardín de fantasías de nuestra pareja», añade nuestra sexoterapeuta. En vez de responder a la propuesta precipitadamente con un simple sí o no, prestarle atención puede beneficiar la sexualidad de la pareja.

Es lo que le ocurrió a Gemma, que un día, por casualidad, descubrió el interés de su esposo por las películas X. Este episodio derivó en una crisis que los llevó a la consulta del sexólogo. Ahora, liberado él de su sentimiento de culpa y ella de la incomprensión del hábito de su marido, las sesiones porno en pareja forman parte de su disfrute sexual. «Puede convertirse en una experiencia positiva siempre y cuando ambas partes se impliquen», indica nuestra sexoterapeuta.

Ellos y ellas: distintas preferencias

Con la llegada de Internet se ha generalizado el acceso a la pornografía, que también despierta el interés de ellas. Para una sesión en pareja, la toma en consideración de ciertas preferencias específicas dentro del universo X marcará la diferencia. Las películas de guiones lúdicos protagonizadas por parejas pueden brindar la ocasión de explorar fantasías comunes y enriquecer la diversidad de las mismas.

Hombres y mujeres no tienen la misma opinión del porno (a ellas les parece más degradante para la mujer que a ellos). De ahí que nuestra sexoterapeuta recalque la importancia de ponerse de acuerdo sobre qué porno ver. La variedad es amplísima. Al menos en un primer momento, conviene evitar el porno gonzo, un porno crudo, falto de argumento y, a menudo, de escaso presupuesto. Para parejas, una nueva generación de realizadoras (como Erika Lust, Ovidie) y de camgirls (Ava Moore, Charlie Chaudelive) explora la sexualidad desde el punto de vista femenino.

Cuando la idea no funciona

«Una película porno también puede producir el efecto contrario, es decir, no suscitar ningún deseo», advierte Giraud-Desforges. En pocas palabras, una sesión X no supone garantía alguna de sexo inolvidable. «En algunos casos, las imágenes pueden llegar a incomodar», añade la sexoterapeuta. Los principales riesgos son los siguientes:

  • La película puede por sí solo satisfacer la necesidad sexual, y, como consecuencia, el encuentro con el otro se vuelve innecesario.
  • Las imágenes de la película pueden invadir el intercambio sensorial con nuestra pareja. En pleno acto, pueden surgir comparaciones con los actores de la película, que pueden provocarnos la sensación de que nos estamos entregando a un juego sexual más bien insulso.
  • El porno puede despertar secuelas de abusos. Si sentimos un profundo malestar por la propuesta de nuestra pareja o las imágenes, existe una buena razón por la que no debemos forzarnos a nada. «Una fuerte reacción de tipo repulsivo indica que en nuestro interior ha saltado una alarma a la que debemos prestarle atención», recuerda Giraud-Desforges.

Es el caso de Ana, quien al volver a casa un día sorprendió a su pareja viendo porno. Él, con toda la naturalidad del mundo, le propuso ver la película juntos y, como su vida sexual está libre de tabúes, ella aceptó sin dudar. Sin embargo, en ese momento se vio invadida por un profundo malestar que la obligó a dejar la película. Gracias a unas sesiones de terapia, salieron a la superficie los recuerdos que Ana guardaba de lo que hacía su padrastro cuando ella tenía unos 10 o 12 años: sin cometer ningún abuso físico, la invitaba a sentarse a su lado a ver porno con él.

Cada cual decide

Como norma general, si nuestra pareja nos proponer ver una película porno juntos, debemos escucharnos a nosotros mismos. No debemos obligarnos: si por cualquier razón la invitación provoca una reacción negativa muy física, debemos decir que no con toda confianza. Con ello, no estaremos juzgando su propuesta sino pensando en nosotros mismos. Como cualquier experiencia sexual, una sesión de porno en pareja solo se disfruta cuando ambas partes consienten dentro de un marco de confianza que incluya aspectos como el contenido, la duración (para dejarlo cuando queramos) y las prácticas sexuales que se van a realizar. Por supuesto, basta cualquier reticencia respecto de la película para no aceptar.

C. Maillard

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