¿Debemos aceptarlo todo en el sexo?

En una relación de pareja, las relaciones sexuales deben aspirar al placer compartido, respetando siempre el deseo y los límites de cada uno. En este sentido, el hombre puede sugerirle a la mujer determinadas prácticas sexuales. Pero cuando a ella le repulsan hasta el grado de sentirse incapaz de ponerlas en práctica, conviene limitarse a actos que ambos disfruten. Si no, la calidad de las relaciones sexuales puede verse afectada.

En un estado de mucha excitación sexual hay ciertas barreas que pueden levantarse, pero si no lo hacen, la obstinación de uno puede acabar con el apetito sexual del otro.

Otro problema es la frecuencia de las relaciones sexuales. Un tema conflictivo para muchas parejas que conviven hace tiempo y que suele dar lugar a dos situaciones:

  • La pareja encuentra un ritmo que les va bien a los dos
  • Más frecuentemente, el hombre, con mayor apetito sexual, se siente frustrado. Esto provoca tensión en la pareja y puede entorpecer la vida diaria.

¿Qué hacer?

Primero, el deseo sexual de cada uno depende de:

  • Factores permanentes, cuyos orígenes responden a procesos psíquicos del individuo.
  • Factores más inmediatos como la fatiga, las preocupaciones, el estrés, la enfermedad, el desacuerdo en la pareja, etc.

La comunicación en el seno de la pareja con frecuencia permite salir de los periodos conflictivos. El que sea más demandante de los dos puede, en caso de que la pareja no tenga deseo espontáneo, intentar despertar las ganas creando un ambiente propicio o mediante palabras dulces y caricias. Pero si a pesar de los esfuerzos el deseo no aparece, hay que desistir.

En efecto, el hombre pueda alcanzar el coito egoístamente –una suerte de masturbación con el cuerpo de la compañera–, pero la mujer no sentirá nada.

En esta situación la relación sexual deja de ser sinónima de juego, de intercambio. Entonces puede ocurrir que la mujer empiece a temer los instantes de comunión erótica y pierda poco a poco el interés en la relación carnal, evitando las caricias y los intercambios de ternura. Esto significa que algo se ha roto.

Las prácticas sadomasoquistas

Infligir dolor físico o psicológico al otro puede producir excitación sexual en algunas personas, a eso se le denomina sadismo sexual.

Estas prácticas sólo encontrarán su lugar en la relación si las inclinaciones de ambos miembros se complementan. Si no hay consentimiento es una agresión sexual incompatible con una sexualidad basada en el intercambio y el compartir.

Dr. A. Mocquard

Otros contenidos del dosier: Sexo sin problemas

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